Unas mujeres y sus casas. (XVIII). Una fiesta en Villa Dolores.

CAPITULO 18: Una fiesta en Villa Dolores.

Era costumbre por parte de “Los Iberos” de modificar el formato de la tertulia durante los calurosos meses de verano. Entonces no se reunían en la librería de Antonio e Isabel, verdadera sede del grupo, sino que se organizaba una fiesta en casa de unos de los miembros. Hasta Vasili, el menos afortunado porque era el único que vivía en un piso sin terraza, requisaba por esta ocasión la azotea de su inmueble para organizarla cuando le tocaba su turno.

Este mes de julio le tocaron a Caroline y Maria Dolores organizar el certamen. Todos conocían “Villa Dolores”, en la partida de los Campuzos pero como este año era justamente el décimo aniversario del grupo se decidió renovar el genero proponiendo que, esta vez, la fiesta fuese disfrazada. La idea entusiasmó a todo el conjunto de “los Iberos”. El tema, largamente debatido, fue que los disfraces debían ser de “un personaje histórico, literario o artístico que te habría gustado encarnar” y las consignas eran de no dar pista a los demás sobre la identidad de su personaje antes del acontecimiento para que la sorpresa fuese mayor cuando se juntarían. También se decidió que durante la fiesta habría una votación entre los participantes para determinar el mejor disfraz.

Cada uno se esforzó mucho, desarrollando durante la última semana en su respectiva casa una actividad frenética. Por primera vez Caroline y Maria Dolores se alejaron la una de la otra durante las horas de preparación. Se habían prometido que ninguna de las dos conocería el disfraz de la otra hasta el mismísimo día de la fiesta.

Las fiestas de verano eran siempre la ocasión de reunirse con más miembros y no solamente con los siete del núcleo duro. Este año, el del décimo aniversario, se hizo un esfuerzo excepcional para contactar a casi todos los que, durante estos años, habían participado en las reuniones. El resultado fue que cuando se repaso los nombres de los confirmaron su asistencia, se llegó a la cifra impresionante de veinticuatro invitados, todos disfrazados.

Uno de los disfraces más sorprendente y conseguido fue el de German quien se presentó en capitán pirata con garfio y banda negra sobre un ojo incluido. Se presentó diciendo:

- Mi deseo, desde niño, ha sido de poder surcar las mares del sur como lo hicieron estos intrépidos descubridores en el siglo XVIII. Me habría gustado ser el Capitán Cook quien descubrió las islas del Pacifico pero me habría conformado en ser solamente el pirata Barbanegra – Como se le preguntaba para le garfio, añadió para justificarse:

- Lo del garfio viene de un accidente juvenil que revivo algunas noches cuando en sueño me veo llorando después que mi padre cerrase sin querer la puerta de su coche sobre mis dedos.

Antonio, aprovechando su calva natural y sus gafas con montura de alambre, cosechó también unos cuantos aplausos cuando apareció como el sosias casi perfecto de Benjamín Franklin(1). Llevaba en la mano un largo hilo metálico.

- Siempre he pensado que, en una encarnación anterior, he sido este librero-periodista, un hombre modesto y amante de la libertad que la joven nación Americana mandó a la corte del Rey Luis XVI en Versailles donde negoció apoyos políticos, financieros y militares para la guerra de Independencia y que, por lo menos, ha dejado algo útil para todos los hombres de la tierra: el pararrayos.

Vasili apareció disfrazado en mujik ruso pero declaró que, en realidad, su nombre era Lev Tostoï, un genio literario quien le gustaba vestirse como los paisanos y murió, huyendo a su arpía de mujer, solo, en un banco de una pequeña estación de tren camino a Moscú....

Por parte de las mujeres, Isabel se disfrazó en una Reina Católica muy convincente. Llevaba unas joyas tan bien imitadas que tuvo que confesar que venían del escaparate de una bisutería de la ciudad, propiedad de su novio quien se le había confiado. Asunción utilizó su cara angulosa y demacrada para representar un Federico Chopin huido de la Cartuja de Vallehermosa (2) y de los brazos de su amante. Unas manchas rojizas en las mejillas representaban los síntomas de la tuberculosis que minaba el músico.

Las dos anfitrionas no decepcionaron. Carolina recibió sus amigos vestida de Van Gogh con una blusa llena de tachones de pintura. Para acercarse al modelo original arbolaba una falsa herida en la oreja y había teñido su pelo corto de color rojizo. En cuanto a Maria Dolores, ella había elegido ser Al Mondhir, un emir de Denia en el siglo XI, sin saber que unos diez años después se empezarían a ver por la calle Marques de Campo a mujeres desfilando en las filas de Moros y Cristianos.

Por lo resto había gitanas, saltimbanquis, pescadores y hasta una pareja de príncipes Indios que habrían podo salir directo de uno de los cuentos de las Mil y Una Noches. El día anterior cuando hacia la compra Maria Dolores había descubierto cerca del supermercado a dos músicos callejeros que intentaban ganarse la vida. Se había parado unos minutos para oír los tocar Uno tocando varios instrumentos y el otro cantando. Le pareció que tenían algo de talento y bastante merito. Cuando les abordó los músicos le dieron que viajaban hasta Ibiza y Formentera y tocaban en la calle para recabar el dinero del pasaje en ferry. Sin dudar un segundo Maria Dolores les propuso postergar un día su viaje y venir a tocar la noche siguiente en una fiesta particular con la cena pagada y un pequeño caché. Aceptaron con entusiasmo. Miguel y Clara amenizaron toda la velada. Era su primera contratación “profesional”.

La comida resultó como siempre muy curiosa. Cada uno había traído un plato de entrada o un postre elaborado por él. Este modo de compartir las cosas resultaba siempre muy divertido.

- ¿Pepito, ha probado eso, es delicioso?.

- ¿El plato aquel, quien lo ha hecho? ¿Es difícil de hacer? ¡Ah! No. ¿Pues dame la receta?.

- Caro, te recomiendo repetir de este plato antes que desaparezca. Ya he cogido dos veces y creo que voy a volver a repetir.

El plato de resistencia siempre cogía a cargo del anfitrión. Para satisfacer todos los gustos las dos mujeres decidieron hacer una parrillada de sardinas asadas sobre pizarras y cuatro costillares de cerdo a la miel, especialidades de la casa.

Las dos mujeres habían decorado la casa y sobre todo la terraza con bandas de papel de colores y unas linternas que subrayaron el carácter festivo del acontecimiento. Todos los participantes le pasaron fenomenalmente bien y hasta las anfitrionas se fueron a la cama muy satisfechos. Nadie pensó que esta fiesta de los diez años iba a ser la cúspide en la existencia de “Los Iberos” porque el Destino se había cansado y que pronto la decadencia empezaría.

(1) Benjamín Franklin: Hombre político Americano del siglo XVIII, polifacético. Fue periodista, polemista, inventor del pararrayo... y jugó un rol importante en la independencia de los Estados Unidos.

(2) Caruja de Vallehermosa: se refiere a la temporada que el músico pasó con su amante Geoges Sand en Mallorca

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