Unas mujeres y sus casas. (XI) La busqueda de un nuevo hogar
CAPITULO 11: La búsqueda de un nuevo hogar.
Dejando a su abogado la tarea de ponerse en contacto con Gérard, para informarle, Caroline se despidió de los Sforza. Pensó que de todos modos su salida de Bruselas anticipaba solamente un año el final de su colaboración con ellos porque el matrimonio Italiano le había avisado que pensaban volver a su país para jubilarse allí. Pasó a ver a Maria Dolores y, cuando descansaban juntas en la habitación, contó a su amiga su desaventura en la consulta y su decisión de separarse de su marido. Siguiendo sus consejos decidió tomarse un gran periodo vacaciones sola, cosa que no le había ocurrido desde su casamiento. Quería hacer un balance de su existencia y buscar un sitio donde rehacer su vida y este sitio no podía ser Bélgica. Tenia bastante recursos económicos para hacer lo que le gustaba a partir de momento y lo que le apetecía era pintar. Aseguró a su amiga que, pase lo que pase, terminaría las ilustraciones de “Unos cuentos de antaño” que había escrito Maria Dolores Esta la convenció de viajar y de visitar entre otros lugares, Denia, una pequeña ciudad portuaria a treinta kilómetros de Gandia. Caroline se quedó enamorada de este lugar, entonces relativamente poco concurrido.
Su amiga le había contado que, a principio de siglo, unos madrileños habían comprado grandes parcelas pobladas de pinos y se hicieron construir unas casas de verano. Estas casas de gran tamaño capaces de albergar familia, invitados y servicio, se llamaron “Rotas” porque se encuentran en el paraje del mismo nombre, al lado de una carretera sin salida en dirección del cabo San Antonio.
Este año el mes de septiembre fue muy clemente y la temida Gota Fría (1) apenas se manifestó. Caroline, quien había recorrido casi toda la costa desde el cabo Creus hasta Almería encontró en este paraje de
Un día, paseando por los campos de almendros que reemplazan las antiguas viñas que habían hecho la fortuna de algunas familias con la elaboración de las pasas antes de la crisis de la filoxera (2) que destruyó los cultivos a principio de siglo, se enteró de que, en la partida de los Campusos (3), un constructor edificaba varios chalés. Recorrió todo el terreno y anotó los datos que figuraban en un cartel que anuncia esta promoción claramente dirigida a turistas extranjeros y, la mañana siguiente, se fue hasta la oficina del constructor y solamente le pidió de indicarle sobre un plano las parcelas que quedaban libres. Resistió a su presión cuando esté le contó que todos los terrenos iban a ser comprado en breve por unas familias Belgas. Sonrió interiormente porque ella conocía bien a sus compatriotas. Sabia que iban a tomar su tiempo antes de decidirse. Discretamente seleccionó las dos parcelas que le parecieron responder mejor a su gusto y llamó a Maria Dolores quien acababa de llegar a Gandia.
Poco antes de viajar a España para dar a luz a su hijo, Maria Dolores había sufrido un aborto espontáneo cuando, según las ecografías, esperaba un niño. Se encontró entre la vida y la muerte unos días y se recuperó muy lentamente psíquica y físicamente en Bruselas pero ya había cogido manía a esta ciudad en la cual e parecía maldita. Había convencido su marido de marcharse ella a España y José Luis, cada día más absorto por su trabajo y sus relaciones, apenas opuso resistencia a separase de su mujer como si se desentendía del asunto. La llamada de Caroline le soñó a música celestial:
- Oye, cariño, creo que he encontrado un rincón paradisíaco para mandar a construir una casa. Ven cuando puedes. Te necesito para ayudarme a decidir.
Se citaron en Denia. Caroline fue a esperar a Maria Dolores en la plaza de los autobuses. Cuando vio como ella bajaba del autobús se le cayó el alma en los pies. Encontró su amiga, demacrada y anímicamente hecha una piltrafa. Había perdido por lo menos diez kilos, y se desplazaba dando pequeños pasos como una anciana. A verla la estrechó entre sus brazos y ambas se besaron quedándose fundidas en un largo abrazo. Antes de ir sobre el terreno se refugiaron en un bar para comer algo. Maria Dolores apenas toco el bocadillo de jamón y solamente sorbió el café doble que había pedido. Sentadas en el rincón más oscuro del local, cogidas de la mano, Maria Dolores le contó con más detalles sobre lo ocurrido en Bruselas.
Le habló de su relación con José Luis y del cambio que se produjo cuando el Doctor Neyrinck confirmó su embarazo. A partir de este momento su marido esgrimió siempre los riesgos para el feto para evitar tener contactos sexuales pero Maria Dolores no dudo en atribuir este cambio a sus supuestas relaciones extramaritales. Cayó en una gran depresión que la llevo en el quinto mes de su embarazo a abortar accidentalmente. Ahora vivía con sus padres en Gandia en lugar de habitar el piso vació de Valencia. Seguía sin saber conducir y por eso había venido en el autobús. El médico que la seguía le había recomendado dar paseos, los más largos que sus escasas fuerzas le permitían, y, sobre todo, de encontrar una ocupación para deshacerse de sus negros pensamientos. Cuando Caroline le preguntó, con mucho tacto, si algún día pensaba volver a Bruselas, esta le contestó:
- Creo que lo nuestro ha acabado para siempre. Mis padres me presionan para que retome cuando antes mi vida con mi marido. Son chapados a la antigua, sabes lo de la esposa sufridora que debe perdonar y aguantar pero en el fondo no lo deseo. Mi madre lleva la voz cantante y me habla continuamente del deber de la esposa sacrificada pero de momento resisto. En el fondo, no creo que a José Luis se le haga mucha gracia de volver a verme. Tiene su vida organizada a todas horas del día y de la noche. Últimamente parece que la cosa le va muy bien en el banco. Se relaciona con más gente como os que vimos en aquella cena en casa del banquero Neuman. Me pregunto si él no ha llegado a la conclusión que no le sirvo como mujer de representación. Ahora necesita alguien más brillante...
A pronunciar estas palabras Caroline vi como los ojos de su amiga se humidificaban. Levantándose le puso la mano sobre el hombro y le dijo:
- No te pongas triste, querida. Eres joven y puedes rehacer tu vida aún. Mira lo que me pasó. También la vida me hirió. Perdí mi gran amor en un accidente de automóvil. Intenté rehacer mi vida con otro hombre en quien confiaba pero las circunstancias me han demostrado que en realidad se trataba de un egoísta quien solamente pensaba en su carrera y además me pegó una enfermedad venérea. Decidí que, a partir de ahora, iba a vivir por mi misma haciendo lo que me gusta en un entorno que me inspira y, sobre todo que elegiría mejor mis amigos. Maria Dolores te quiero enseñar lo que he descubierto y me gustaría recabar tu opinión.
Como ninguna de las dos ya tenia más apetito, pidieron la cuenta y, después de disculparse con el propietario del pequeño bar por dejar los bocadillos casi sin tocar, se levantaron y se fueron cogidas del brazo. El coche de Caroline les dejo cerca de donde ella vivía, en el puerto. María Dolores no estaba aún en condición para recorrer las sendas de la partida de los Campusos.
No pronunciaron ninguna palabra durante todo el trayecto pero, en la mente de ambas, germinaba la idea que, después de sus matrimonios fracasados, el futuro seria hacer crecer el sentimiento, aun difuso, que siempre había existido entre ellas desde que se conocieron en la cena del banquero. Durante meses habían sido en contacto todos los días y la salida de Caroline para España no había significado el final de su relación. Conocían sus mentes y sus cuerpos, se habían contado largos episodios de sus vidas, lo alegres como los tristes. Habían descubierto que las dos eran atraídas una por la escritura y la otra por la pintura. Ya en Bruselas habían empezado a cooperar. Justo este mes Caroline había acabado las acuarelas para ilustrar un libro de cuentos infantiles escrito por su amiga. Solamente el hecho que el libro estaba escrito en Castellano había demorado su publicación en Bélgica pero ahora todo seria más fácil. Cuando, por la tarde después volvieron al pequeño piso en el cual vivía, Caroline se le comentó. Solamente por la tarde hicieron un corte paseo por el puerto y desde una cabina Maria Dolores llamó a su madre para decirle que se quedaba en casa de su amiga hasta el día siguiente. Después de la cena, Caroline prestó un camisón a su amiga y las dos se acurrucaron juntas en la pequeña cama redescubriendo la sensación de plenitud que habían descubierto en Bruselas cuando se tumbaban juntas.
(1) Gota fría, fenómeno meteorológico de las costas del levante cuando unas nubes a temperatura relativamente fría rozan el mar aun caliente provocando una lluvias torrenciales pero muy localizadas.
(2) Filoxera, parásito parecido al pulgón que devastó los viñedos europeos a final del siglo XIX.
(3) Los Campusos, partida de terreno sobre la ladera del Montgo.
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