Dos mujeres y sus casas. (XV) "La casa entre las nubes"
CAPITULO 15: “La casa entre las nubes”.
Fue una idea de Maria Dolores de aprovechar uno de los árboles del jardín para construir en sus ramas una casita. Se acordaba con emoción de su primera casa en cuando de niña veraneaba en el pueblo, en casa de su abuela y contó a su amiga su historia.
El marido de su abuela Paqui era muy mañoso porque había trabajado de joven en una astillero de Gandia donde construyó barcas de pesca. Un día antes de que se fallaran las piernas como ocurrió poco después, se levantó decidido a confeccionarle una casa para que la niña juegue en el jardín. Este buen hombre no era exactamente el abuelo de Maria Dolores. Cuando el verdadero abuelo murió, su mejor amigo había viajado desde Gandia al pueblo para el entierro, cosa que no había hecho en años y allí volvió a enamorarse de la joven viuda, Paquita la abuela de Maria Dolores, que conocía de toda la vida y que había cortejado de joven. No era solamente mañoso, a su manera era también un caballero porque, a verse suplantado por su amigo y rival en el corazón de la joven, se había marchado a la ciudad para buscarse la vida y alejarse de su amada.
Maria Dolores, sentadita en una sillita, se maravilló de la dexteridad asombrosa del hombre. Manejaba las herramientas de su oficio con gran precisión y facilidad. Sin esfuerzo aparente la hoja afilada del hacha caía en el lugar exacto de la madera, partiéndola en trozos con la medida buscada.
Había disfrutado varios veranos de la cabañita en el árbol, manchándose con la sabia pegajosa del pino lo que enfurecía su madre. Dentro de su única habitación se había llevado sus tesoros más preciados y jugaba sola, invitando raramente su hermano Ignacio hasta que un año, cuando llegó con sus padres que, como todos lo años la llevaba allí al cuidado de los abuelos, no la encontró. Se enterró más tarde que unos gamberros del pueblo la habían destrozado y el marido de su abuela ya no podía reconstruirla.
Las dos mujeres aprovecharon el más viejo de los algarrobos de la parcela para este proyecto. La nueva casa se construyó sobre una plataforma a la cual se accedía gracias a una escalera pegada al tronco y una trampita. Rodeada de una barandilla la plataforma daba acceso a su turno a la casa propiamente dicho con su puerta y sus dos pequeñas ventanas laterales. En el fondo una ventana, más alargada, no permitía vislumbrar al mar sino la altiva montaña que se levanta detrás de la casa. Para conservar la vista más o menos intacta María Dolores hacia podar cada año las ramas que la molestaban. Como en el caso de la casa original, salvo unos hierros resistentes que sostenían la plataforma a las ramas del árbol, todo el resto esta hecho de madera. La única habitación de la casa resultaba siempre fresca gracias a la corriente de aire que entraba todo el día. El mobiliario compuesto por una mesa y dos sillas no abultaba mucho así que Caroline había podido colocar un caballete para trabajar en las ilustraciones para los libros de su amiga. La casa se bautizó con el nombre de “la casa entre las nubes”
No había ni agua ni luz eléctrica en la casa que, con el tiempo, se fundió totalmente en la naturaleza porque el continuo crecimiento de más ramas no tardó en ocultar la existencia del edificio casi por completo. A veces por la mañana las dos amigas subían al árbol y trabajan aquí, al lado la una de la otra. Era para ambas el último reducto secreto. Nadie, absolutamente nadie, ninguno de sus invitados, ni el jardinero o la señora de la limpieza jamás subieron en “la casa entre las nubes”. Era terreno prohibido decían entre ellas. Un día el editor, quien publicaba los libros de Maria Dolores y con quien se llevaban de maravilla les visitó con su mujer y sus dos hijos. Después de comer el hombre intercedió para que sus hijos que se ponían muy pesados pudieran subir pero tampoco le consiguió.
Fue en este lugar que nacieron unos de los cuentos más famosos de Maria Dolores. Los acantilados blanquitos, los pinos de la ladera, el camino que recorre el flanco de la montaña y las cuevas que se vislumbran fueron el escenario de su libro “Cuentos de la montaña”. Todos sus álbumes de cuentos empezaban por las mismas palabras. “Cuentos de..”. Así “Los cuentos de la montaña” empezaban con una historia ambientada en tiempos de los Iberos que construyeron en la cima de ella dos asentamientos. El mejor cuento de la serie esta titulado “la vigía”. Contaba la historia de uno de los jóvenes soldados de la séptima legión romana que grabaron sus nombres en las paredes de
Le siguieron “los cuentos de la luna”, “los cuentos de la noche” y muchos más. Menos de la mitad de lo que escribió Caroline se publicó pero casi todos se leyeron durante las reuniones culturales de “Los Iberos”. Estos tertulianos opinaron sobre ellos y a menudo, no siempre, la autora incorporó en una nueva versión los comentarios de sus amigos. El éxito de estos libros fue constante y algunos llegaron en traducirse en varios idiomas. Todos los que se publicaron fueron ilustrados por acuarelas de Caroline o fotografías de German. Aunque el dinero nunca interesó Maria Dolores, su producción literaria dio a la pareja de amigas una cierta holgura financiera.
Un incidente les hizo abandonar “la casa entre las nubes” durante una temporada. Se produjo un verano. Carolina, después de negarse durante mucho tiempo, había aceptado finalmente de llevar la electricidad hasta la casita. Utilizar la luz de unas lámparas de petróleo le parecía demasiado peligroso especialmente después que, un día, una linterna encendida se hubiese caído sobre el suelo y que la alfombra de lana empezó a arder. Desde entonces un cable bastante grueso unía el chalet y la casita del árbol. Una tarde que ambas cogían la fresca sobre la terraza la atención de Maria Dolores fue atraída por el movimiento de sombras que movían sobre el hilo.
Una sombra más grande y alargada se movía yendo y viniendo seguida en uno de su movimiento por una mucho más pequeña. Todos estos movimientos se efectuaban en un silencio total sino fuese por las cigarras que el atardecer ponía muy nerviosas. Tocando el brazo de su amiga le preguntó en voz baja:
- ¿Amor, ves estas sombras que cruzan el cable eléctrico con tanto sigilo? ¿Qué serán?. Hace un momento que las observó y no acabo de darle significación alguna.
- Ni tengo la menor idea le contestó Caroline – Pero, intrigada, ella se levantó en silencio y acercándose del lugar de los hechos descubrió el origen del fenómeno.
Era una madre rata que llevaba de uno en uno sus ratoncitos desde el tejado del chalet hasta “la casa entre las nubes” utilizando el cable eléctrico. El animal, a pesar de estar muy atento a lo que pasaba a su alrededor, estaba aun más pendiente de sus retoños. Cuando las dos amigas llegaron suficiente cerca la mayoría de los transbordos se habían acabado pero ellas vieron con claridad como quedaban aun dos ratoncitos esperando a su madre que en este momento guiaba otro hermano por el cable. La madre, después de dejarle a buen puerto en la plataforma de la casa, volvió sola sobre el cable y solamente los oídos muy agudos de Caroline oyeron el pequeño grito de llamada para que el siguiente ratoncito se preparase para la peligrosa travesía.
Durante una semana ninguna de las dos amigas se atrevió a subir por temor a encontrarse con la familia rata, hasta que un día, armadas con una escoba cada una, se atrevieron. Dentro de “la casa entre las nubes” buscaron por todos los rincones pero no encontraron ningún indicio que indicaba que los pequeños huéspedes habían llegado y permanecido aquí.
(1) Cova del Aigua: una de las cuevas en el flanco oriental de Mongo donde brota al agua.
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