Dos mujeres y sus casas. (XIV) La pesadilla.

CAPITULO 14: La pesadilla.

El episodio al cual se refería Caroline había ocurrido unos años antes, al poco tiempo de empezar a vivir juntas en la casa recién acabada. Pensaban que por fin habían dejado atrás los años terribles y que Bruselas no era más que un mal recuerdo hasta el punto que Maria Dolores se había negado a viajar dos veces allí para una posible negociación de su primer libro que había tenido un cierto éxito en España y que una editora quería promocionar en los países francófonos.

El padre de Maria Dolores murió de un ataque de apoplejía repentino cuando trabajaba en el restaurante que fue el origen de su fortuna. Después de una primera alerta su medico le ordenó tajantemente de dejar este duro trabajo diario pero el hombre no pudo seguir este consejo. Su restaurante, como decía su mujer a unos amigos era su sangre, su razón de vivir, su droga...

Cuando las dos mujeres se enteraron de la noticia, vía un telegrama porque no habían querido tener el teléfono en casa, ellas se desplazaron hasta Gandia para el entierro. Caroline se mantuvo en un discreto segundo plano y fue presentada en el tanatorio como una “amiga sin más” a la veintena de personas presentes. En un rincón de la sala, encontraron, solitario y apoyado a una pared, Ignacio, el hermano de Maria Dolores. La amiga de Maria Dolores descubrió un gigante malhumorado hundido en su pena pero, cada vez que sus miradas se cruzaron, ella se encontró inquieta. No se esperaba que viniera ningún miembro de la familia de José Luis pero, muy tarde, Pedro Menéndez, el cuñado con quien Maria José había mantenido una buena relación cuando vivía con su marido, apareció. Cuando entró en la sala del tanatorio casi no quedaba nadie, Caroline se había ido, su madre dormitaba en un sillón y Ignacio acababa de salir para fumar un pitillo.

Su aparición sorprendió a Maria Dolores. No se habían visto durante cuatro años pero ambos se dieron un beso con naturalidad y el prospero Agente de Bolsa de Valencia le dio un pésame que soñó a sincero. Siempre había sido un hombre cabal.

- ¡Pedro, no sabes lo que significa para mí tu presencia!. Francamente no esperaba a nadie por parte de los Menéndez. Como sabes, no tengo contacto con tu familia. No sé nada de mi marido o, mejor dicho, de mí casi ex marido ni desde luego de sus padres o de tus hermanos. Sé que su abogado esta moviendo los papeles del divorcio ahora que la ley ha sido promulgada y supongo que tendremos que vernos la cara una última vez para estampar nuestras firmas....A pesar de todo le deseo lo mejor. ¡Que rehaga su vida como estoy recomponiendo la mía! - Pedro Menéndez le había contestado con una sonrisa triste:

- Lo mereces, Maria Dolores, nunca he querido tomar posición en vuestra querella porque entonces ni me correspondía ni tenia todos los cabos atados. Pero, a pesar de que no es el sitio apropiado, déjame decirte que ahora tampoco él y yo nos hablamos. En pocas palabras mi hermano es lo que se llama un granuja.- La mujer se había quedado muy sorprendida e expectante porque esta palabra no era propia del vocabulario de su cuñado. Esté, a ver que no quedaba nadie en la sala que podría oírlos, le había dicho en voz baja:

- No te le vas a creer pero José Luis es el verdadero padre de la última hija que pensé haber tenido con Margarita – A ver la cara de estupor de Maria Dolores, Pablo siguió diciéndole:

- Lo que oyes. Me enterré que se acostaron juntos durante bastante tiempo. Todo empezó un par de años antes de casarse contigo mientras yo estaba en las nubes. ¿Pero como iba a sospecharlo?. Margarita era caprichosa y difícil pero estábamos enamorados el uno del otro, por lo menos le creía yo. A decir la verdad siempre me sorprendió el nacimiento tardío de Esperanza cuando había perjurado que con dos niños ya no quería tener ninguno más. Entonces me contó una historia que creí. Lo peor es que desde que nació he querido esta niña con locura. Ahora, a pesar de saber que no soy su padre biológico la sigo queriendo con locura. Pero mira, todo esto es tan sórdido que no voy a contarte nada más..... El abogado de la familia gestiona tu divorcio y el mío porque la historia no acabó aquí.... Dos para el precio de uno. – había añadido con amargura sin precisar á que se refería con lo del precio.

A oír que alguien entraba en la sala del tanatorio se apartó y se quedo callado. Se acercó del féretro parándose un minuto y después de despedirse Maria Dolores con un suave roce de la mano en la mejilla había salido rápidamente. La persona que había entrado era Ignacio quien se había cansado de fumar solo a la puerta del tanatorio. Al ver que un hombre que no conocía ni había visto nunca hablaba en voz baja a su hermana y además se despedía rápidamente de ella rozándole la cara, él se puso nervioso. Si su madre que el movimiento rápido de Pedro había sacado de su sopor no se hubiese incorporado en este mismo momento las cosas habrían ido más lejos que las palabras incoherentes que pronunció el subnormal:

Maé, maé (1), Usted ha visto a este hombre. Ha intentado de besar a Marido – así designaba siempre su hermana a ser incapaz de pronunciar su nombre de una sola vez.- Con la cara enrojecida, había añadido:

- Si usted me lo dice, voy por él y le reventó.....

La madre de Carolina, conocía el carácter imprevisible de su hijo pero no había presenciado los hechos. Hizo callar su hijo con un gesto brusco y dirigió una mirada interrogativa hasta su hija quien se había quedado muy pálida.

- No es nada madre, era Pedro Menéndez. Usted se acordará de él. Es el hermano de José Luis, el Agente de Bolsa. Ha venido a darnos el pésame por la muerte de Padre. No se presentó a Usted porque vio que descansaba pero me ha encargado de transmitirle su pesar.

Aquel día, por la intervención de su madre las cosas se habían quedado así pero, en la mente trastornada de Ignacio, había nacido la certeza que su hermana “tenia a un hombre”. Como el padre de familia había muerto, él, el único varón de la familia se consideraba la persona a quien correspondía hacer respetar las costumbres y su hermana no podía “tener un hombre”. Desde adolescente los celos siempre le habían comido y la hermosura de su hermana, la única hembra de su edad que conocía, le había provocado muchas veces unas ideas lubricas. Sus padres le habían pegado varias veces a verle masturbarse detrás de su hermana pero como había aprendido a esconderse lo olvidaron. Maria Dolores, cuando vivía en casa y trabajaba en el bar, había leído varias veces en los ojos de su hermano unos pensamientos que le horrorizaron sin contar que una noche le había pillado otra vez masturbándose detrás de la barra mientras ella servia los últimos clientes pero no se había atrevido a denunciar a su hermano.

Después de enterrar a su marido la madre de Maria Dolores había decidido vender el restaurante a unos familiares. Estaba cansada de trabajar como una esclava en la cocina, su hija, quien vivía en Denia, no había demostrado ningún interés para el negocio e Ignacio estaba totalmente incapacitado para llevar cualquier actividad sostenida. Con el producto de la venta se había encontrado con más que suficiente para volver a Barx donde mantenía una casa y poder vivir allí como una reina. Se había llevado con ella a Ignacio pensando que podría controlarle más fácilmente en este pequeño entorno que en la ciudad de Gandia. Además el director de la sucursal del Banco Popular donde tenia sus ahorros la había convencido hablándole de una formula con la cual que Ignacio obtuviera una renta vitalicia cuando ella faltaría. Maria Dolores había aprobado sin reserva los planes de su madre:

-Y sobre todo que se lleve a este bruto – pensó.

Comentó los hechos que habían acontecido en el tanatorio a Carolina quien conocía ya los avatares de la difícil relación entre ella y su hermano. Con la salida de la madre de Maria Dolores para Barx ellas dieron el asunto por zanjado. A contrario ambas opinaban que probablemente algún día tendrían noticias de Pablo Menéndez, cosa que no les disgustaba porque el hombre era “majo” sin imaginar que el Destino tenia otros planes ......

Pasaron unos meses y las dos amigas vivían placidamente en su ambiente de amistad amorosa. Trabajaban cada uno en su ramo, paseaban y tenían una pequeña vida social con personas que les interesaban y que compartían sus inquietudes intelectuales. Desde el principio de los años ochenta el férreo corsé moral había empezado a hacerse añicos y la relación de dos mujeres no escandalizaba mientras se mantenía dentro de unos limites. Sus amigos íntimos conocían sus gustos y los aceptaban y como a ninguna de las dos le gustaba ni la provocación ni la exhibición todo iba de maravilla. Este verano fue particularmente caluroso, y el quince de agosto las casas de los vecinos de habían vaciado porque todos estos extranjeros querían presenciar el desfile de Moros y Cristianos (2) en la calle Marques de Campo. La acumulación de gente andando por aquí y por allá no les gustaban y ellas se habían quedado en casa. Después de cenar se quedaron sobre la terraza con la mesa de la cena no totalmente recogida para tomar la fresca a medida que caía la noche. Se quedarían aquí hasta que a las doce se tiraría los castillos artificiales de la fiesta refrescándose de vez en cuando con un chapuzón en la piscina. La perita Iskra (3), un cachorro de raza indefinida, que habían recogido cuando andaba abandonada y malherida en la garganta, les hacia compañía pero Maria Dolores notó en su comportamiento algo extraño. La perra estaba intranquila y, en lugar de descansar entre los pies de las dos mujeres como lo hacia siempre, no dejaba de pasearse en dirección del barranco, incapaz de emitir más que un leve gruñido. No le dio importancia achacando la conducta del animal al bochorno y no le comentó a su amiga.

Acostadas en dos hamacas que habían juntado vestían solamente unas túnicas ligeras. Tomadas de la mano comentaban en voz baja los acontecimientos del día y sus proyectos para el día siguiente. De repente a Maria Dolores quien por la sexta vez se quejaba del calor y de unas ráfagas de viento caliente de poniente que les rozaba se levantó para bañarse en la piscina invitando a su amiga a seguirla. A ambas les gustaba mucho estos baños en la oscuridad y solían practicarlos desnudas porque sabían que a estas horas nadie podía observarlas. Caroline se hizo la remolona contemplado el cuerpo desnudo de Maria Dolores que desde la escalera le invitaba a seguirla hasta que esta se deslizó en el agua.

Como tenía sed, Caroline se dirigió hasta el interior de la casa. No encendió las luces porque el resplandor de la luna le era suficiente para guiarse hasta la cocina. Miró por la ventana justo al momento que una ráfaga de aire apagó la vela que estaba al lado de las hamacas. Apenas había abierto el grifo que su instinto le advirtió que alguien se deslizaba silenciosamente detrás de ella. Sin darse la vuelta buscó con el interruptor de la luz cuando en su lugar se encontró con una mano. Antes de que ella pusiera dar un grito una persona la agarró del cuelo y la empujo hasta la encimera de granito. Al mismo momento percibió un aliento cargado con alcohol y una voz que le murmuraba a la oreja:

- Quieta zorra, ni una palabra o te rajo. – A sentir el contacto de la hoja de un cuchillo en su cuello se quedó helada. A este momento su amiga la llamó desde el agua:

- Ven amor, el agua esta deliciosa. No es necesario que reenciendes la vela porque se apagará en un minuto. Creo que con la luz de la luna tenemos suficiente.

- Ni una palabra, ¿me oyes? - Murmuró la voz del hombre. La hoja se mantenía en su cuello mientras que, parecido al brazo de un pulpo, una mano se insinuaba en su escote y le palpaba los pechos. La voz de hombre añadió:

- De todos modos no tienes que preocuparte por la que esta en agua, su hermanito se va a encargar de darle una lección que no olvidara. - La mano del atracador había abandonado sus pechos y el brazo había salido por el escote y de deslizaba ahora por su muslo, insinuándose debajo de la túnica, cuando la misma voz con el aliento alcoholizado le dijo:

- Vaya vaya, la amiga de la hermana no lleva bragas. Mejor así -. Levantándole la tunica el hombre siguió murmurando en la oreja de Caroline obscenidades:

- Pues te voy a enseñar a lo que se les hacen a los hombres entre ellos en la cama, así podrás comparar. - Visiblemente excitado el hombre no media ya todos sus movimientos. Le faltó una tercera mano para abrir su pantalón y embriagado por el deseo lubrico no se percató que Caroline, quien tenia las dos manos libres, había movido la derecha hasta una tijeras que descansaban sobre la encimera muy cerca de la pila. Aprovechó que, preso de su excitación el hombre no apretaba tanto la hoja sobre su cuello y, antes de que él se diese cuenta, Caroline, empujándole con un golpe seco, agarró las tijeras de cocina y las hundió en las genitales del hombre. Esté emitió un grito agudísimo, dejo caer el cuchillo, que segundos antes se aplicaba al cuello de la mujer, y poniendo sus dos manos sobre su virilidad herida se precipitó fuera de la casa.

El grito del atracador proviniendo de la casa hizo que Maria Dolores, intrigada de ver que su amiga no volvía a la terraza para bañarse en la piscina con ella, salió rápidamente de ella para encontrarse cara a cara con Ignacio que la contemplaba desde unos minutos en la sombra, masturbándose. Tan absorto en su faena no había oído el grito de su cómplice pero esté, saliendo de la casa con una mano en sus partes bajas, le dio un manotazo en la cabeza gritándole:

- Vamos nos hombre, vamos nos, la zorra me ha herido en los cojones.- y ambos desaparecieron en la oscuridad del barranco.

Nunca más los atracadores volvieron a aparecer. La única victima del lado de las mujeres resultó ser la perrita Iskra que encontraron el día siguiente, degollada en el linde del jardín.

Vivieron encerradas en la casa hasta que, unas semanas más tarde, Maria Dolores recibió una carta de su madre que le contaba que Ignacio había sido tiroteado por un vecino en el pueblo quien le había sorprendido intentando de abusar de su hija menor. Por desgracia su hermano había fallecido a causa de la herida de escopeta en la cabeza que había recibido.

(1) “Maé” por madre

(2) Moros y Cristianos, fiesta tradicional con desfiles de “filas” que se celebra alrededor del 15 de agosto en la provincia de Alicante y en particular en Denia.

(3) Iskra: Chispa en ruso.

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