Dos mujeres y sus casas. (XIII) "Olvidandose del mundo y por el mundo olvidadas"
CAPITULO 13: “Olvidándose del mundo, y olvidadas por el mundo”.
El reloj de la cocina marcaba las nueve cuando Caroline salió de la casa vestido con un albornoz. Llevaba sobre una bandera de metal pintada por ella dos tazas, la tetera para ella, la chocolatera para Maria Dolores y las tostadas del desayuno. Se dirigió hasta el comedor al aire libre construido debajo de unos pinos parasol siguiendo sus instrucciones. Lo utilizaban a diario, salvo en invierno. Organizó todo sobre la mesa y empezó a untar las tostadas con mantequilla y mermelada. Durante la temporada utilizaban las frutas, fundamentalmente ciruelos e higos del pequeño huerto de detrás de la casa. Para las frutas y verduras (1) que no crecían estaban siempre al acecho para comprar a precios de saldos otras frutas y con todas ellas confeccionar unas mermeladas y unas conservas caseras. No le hizo falta mirar las persianas de madera media abiertas de la habitación para saber que su amiga no tardaría mucho en aparecer. Durante un segundo la imaginó desperezándose entre las sabanas blancas de la cama donde la había dejado con el primer beso del día. Ella siempre se despertaba antes que María Dolores pero esta mañana se había quedado un rato, tumbada en la gran cama que comparten, para observar el recorrido de la sombra que hacía la cortina en el techo a medida que el sol progresaba sobre el horizonte del mar. Con un beso ligero había rozado la mejilla de su amiga quien a pesar de encontrarse dormida, había esbozado una sonrisa y, sin hacer ruido, se había levantado para, desnuda, hundirse en la piscina.
Espanta moscas y avispas, huéspedes indeseables, que siempre se invitaban a todo y empezaban a recorrer la servilleta que cubría las tostadas. Apenas tuvo tiempo de mirar, a lo lejos el mar, que notó los pasos de su amiga. Se desplazaba siempre descalza pero la fina oreja y acostumbrada de Caroline detectó su movimiento en el aire como los peces perciben en el agua el deslizamiento del barco que se les acerca. A diferencia de ellos no huyó de este acercamiento sino que cogió a su amiga por el tallo justo al momento en el cual Maria Dolores esta le depositaba un beso sobre los labios.
- ¿Cómo has dormido, cariño? - le preguntó
- ¡Espérame un segundo! - y Maria Dolores corrió hasta la verja de la entrada donde un vecino, Fernando, un pastelero de Valencia jubilado, les había dejado como cada mañana el correo y los periódicos que iba a buscar para él y para ellas con su coche. Caroline observó con amor la silueta de su amiga que corría y su cuerpo menudo que se transparentaba a contraluz cuando se dirigió hasta la verja. Solamente cuando desapareció por el recodo del camino se afanó en acabar de preparar el desayuno. Al poco tiempo Maria Dolores volvió a aparecer, haciéndole el signo convenido que significaba que hoy no había correo y que solamente llevaba consigo los periódicos. La ausencia de correo no les entristecían nunca, bien al contrario, porque vivían desde hace años alejadas de sus recuerdos de antaño. Hace poco que su última pesadilla se ha desvanecido para siempre. Este monstruo de Ignacio ya no les incordiaría más.......
Sentadas alrededor del mesa, cada una ojeó un periódico distinto mientras se llevaban a la boca una tostada o una tasa y así comentaban entre ellas las noticias que leían. Apenas ojean las noticias del mundo prefiriendo centrarse en los pequeños acontecimientos locales. El tema que les apasiona estos días es el relato de un juicio. El interés un poco mórbido por este asesinato venía del hecho que conocían a sus protagonistas, la victima, envenenada por su amante y la presunta asesina. Eran vecinos suyos.
La historia era escabrosa. Se trataba de una pareja que vivía en la segunda casa a la izquierda, al principio del camino particular, la calle de las Margueritas, que lleva a su propia casa. Las dos mujeres vieron y saludaron durante más de un año a esta simpática pareja que se había instalado allí. Antes de conocerlos siempre sospecharon que, como ellas, se trataban de dos personas que habían huido de una vida anterior. Con el tiempo habían llegado a establecer una cierta relación con ellos después de encontrarse varias veces en el mercadillo de la ciudad o en las solitarias rocas de las Rotas. La pareja parecía muy enamorada y, a ser formada por hombre y mujer, no se ocultaban dándose todos los señales de la pasión cuando ellas dos no se atrevían ni siquiera a tomarse de la mano en publico por miedo a
Esta mañana las dos amigas se acordaron de la conversación que mantuvieron un día a la ocasión de una comida en casa de ellos durante la cual Domenica les comentó que se había casado dos veces antes de empezar su relación con Renato y que sus dos maridos habían intentado envenenarla, el primero con una dosis muy fuerte y el segundo a muy pequeñas dosis.
- Afortunadamente ninguno de los dos lo consiguió - les dijo
A ver la cara que puso Renato, Caroline entendió que no le hacia mucha gracia que se hablase de sus predecesores en la vida de su amada enfrente de forasteros. Pero esta mueca no fue nada en comparación con la que tuvo este día cuando sorbió el aperitivo que le había preparado Domenica. Era su bebida preferida y su amante la había preparado especialmente por él con mucho amor. Ahora Renato estaba muerto y Domenica tenia que responder a las incomodas pero pertinentes preguntas de la policía, durmiendo en los calabozos de la comisaría, en lugar de seguir viviendo en su casa en perpetuo desorden donde las dos parejas se habían visto muchas veces.
- Acuérdate cariño la cara que puso Renato aquel día. Su aperitivo pareció tener un gusto extraño,- diría “amargo” - recordaba Maria Dolores.
- ¡No seas mala!.¡Manos a la obra, perezosa! – dijo Caroline a su amiga.
- Tenemos que recoger los ciruelos antes que el sol caliente demasiado o que nos entre pereza.
Ambas se dirigieron hasta el otro lado de la casa donde se erguía un viejo ciruelo cuyas ramas casi se rompían bajo el peso de las frutas rojas. Como había llovido bastante durante la primavera las frutas estaban muy gordas y las dos mujeres tenían previsto desde varios días hacer confituras con los frutos cogidos del árbol o unas tartas con las que recogerán en suelo. Como la producción va a superar con creces la capacidad de absorción de la pareja el sobrante les servirá de moneda de cambio con unos amigos que tienen en Denia. Maria Dolores, la más ágil, subió, ligera directamente en el árbol y desapareció entre las ramas mientras Caroline, se colocó en el ultimo peldaño de la desvencijada escalera de mano lanzando de vez en cuando un grito de miedo cuando se tambaleaba. De repente oyó la voz de su amiga, invisible entre las ramas, quien le decía desde arriba:
- Sabes, Caro, esta historia del asesinato de Renato, creo que me esta inspirando una nueva novela.
- Es verdad que entre nuestra vecina la envenenadora de su pareja y tu hermano, Ignacio, no nos libramos de susto – dice Caroline quien prosigue en tono burlón:
.- ¡Cómo has cambiado amor mío!. Cuando te conocí te dedicaba a cuentos para niños y ahora piensas transformarte en escritora de novelas policíacas o, peor aun, de terror. Sabía hacer las ilustraciones de los primeros pero creo que me tengo que reconvertir en fotógrafa para tus nuevas creaciones - y las dos amigas se fundieron en un ataque de risa.....
(1) Se puede hacer confituras no solamente con las frutas pero también con las hortalizas, por ejemplo con los tomates.
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