Unas mujeres y sus casas.(III) El matrimonio Saint Pierre
CAPITULO 3: El matrimonio Saint Pierre.
Mientras los dos hombres alternaban comentarios sobre temas bancarios y chismorreos sobre los otros comensales, las dos esposas, acurrucadas en la parte trasera, siguieron con la conversación empezada horas antes y que había sido interrumpida solamente por el tan esperado concierto. Durante el trayecto Caroline se dio cuenta de que el marido de su nueva amiga se controlaba mejor que el suyo siendo reservado y demostrando bastante cautela en la conversación que tenia con su marido. Sea por su edad, tenía veintisiete años, por su origen o por la naturaleza de su trabajo, el Español era muy escueto en sus juicios sobre los demás y sobre su propio trabajo pero Gerard, algo eufórico, no se daba cuenta de la situación. Antes de que la joven pareja saliese del coche, cuando el coche de los Saint Pierre se paró delante del portal de su inmueble, las dos mujeres se besaron y Caroline prometió a su amiga que se pondría en contacto con ella en breve.
Los Saint Pierre llegaron a casa poco después. Caroline se fue primero a la cocina para beber un poco de agua fresca. Cuando entró en el dormitorio encontró a su marido desvestido. No quería dormir de inmediato y ella captó las señales, conocidas por ambos, que indicaban su deseo de hacerle el amor ahora. Notó que a pesar de su copioso ingesta de alcohol Gérard había recuperado sus dotes de amante y que era particularmente atento a darle placer. Al volver del cuarto de baño ella le dio un último beso de buenas noches pero al dormirse no podía imaginar que la mente de su marido no se quedaba quieta, y que estaba elaborando un plan magistral para llegar a su objetivo. El hecho de estar sentado al lado de la secretaria había sido un golpe de suerte increíble.
Gérard y Caroline se habían conocidos durante un crucero en velero organizado por una amiga común. Los dos salían de unas experiencias sentimentales negativas. Él, a pesar de los años transcurridos, no superaba el trauma causado por el divorcio con su primera mujer, una portuguesa conocida durante su estancia en Lisboa quien volvió a su país unos pocos meses después de instalarse en Bruselas. Vivía en el perpetuo recuerdo de la relación tormentosa con Lourdes quien provenía de una familia adinerada y se había enamorado de este joven abogado venido del norte probablemente por lo novedoso e inesperado que este hecho representaba en el Portugal de principios de los años setenta. La boda celebrada por todo lo alto en la finca familiar del Alentejo(1) después de un noviazgo corto, había dejado a las amigas Lisboetanas de su esposa con la boca abierta y a su familia, acudida desde Bélgica, muy impresionada. En varias ocasiones su suegro, Don Joao Pereira, había ofrecido a su segundo yerno quedarse en Portugal donde sus numerosas relaciones le permitirían encontrar fácilmente un trabajo. Pero, si a Gerard le encantaba el estilo de vida fácil de su familia política, no quería convertirse en otro personaje manso e inofensivo como su cuñado, el marido de la hermana mayor de Lourdes, cuya única misión parecía ser de engendrar cada dos años un vástago para hacer crecer el clan Pereira así que, cuando su bufete le indicó que su estancia en Lisboa tocaba a su fin, decidió marcharse a Bruselas con su mujer.
Lourdes sufrió rápidamente la falta de la presencia de sus padres y sobre todo de su hermana con quien compartía absolutamente todo y a quien contaba hasta los eventos más íntimos de su vida, sin hablar del circulo de sus amigas de toda la vida con las cuales compartía casi a diario los chismorreos de la ciudad. Empezó a encontrarse a disgusto en Bruselas donde todo le pareció pequeño, empezando por el piso de casi doscientos metros cuadrados hasta las relaciones de su marido. Surgieron las riñas y las peleas. Antes de finalizarse el primer año de convivencia empezó a viajar sola, cada vez con más frecuencia, a Lisboa y, como seguían sin tener hijos, anunció a su marido durante una discusión particularmente fuerte que los abogados de la familia preparaban su divorcio que más tarde se tramitaría en el Tribunal de
Hacia tiempo que Gérard se había convencido que lo único que habría podido salvar a su matrimonio era tener un hijo. Durante el año que duró su convivencia, la pareja mantuvo una actividad sexual frenética pero Lourdes nunca se quedaba embarazada a pesar de que no tomaban ninguna medida de precaución. Sin sospechar la maniobra de su mujer y, a espaldas de ella, el había contactado con un condiscípulo suyo del liceo, ahora medico. Le contó con algo de vergüenza lo que les pasaba o mejor dicho lo que no les pasaba. Su amigo organizó una discreta visita a un especialista y coordinó una batería de análisis. A los quince días cayó el veredicto: Gérard era estéril y no podría jamás concebir un hijo. La decisión de Lourdes de abandonarle le evitó darle una explicación.
Por su parte cuando se apuntó a regañadientes al crucero que iba a recorrer las costas de Córcega, Caroline se recuperaba de una tragedia personal. Su novio de toda la vida se había matado en un accidente de coche cinco meses antes. El golpe para ella había sido durísimo. Los dos, que se conocían desde pequeños, pensaban casarse una vez que Fabrice hubiese acabado sus estudios. Le quedaba solamente un curso para culminar la carrera de arquitectura y ella, recién diplomada, había empezado a trabajar en un taller de decoración interior. Tenían cien proyectos en común pero un borracho no respetó una señal de stop e embistió el coche en el cual su novio iba de copiloto matándole en el acto. Caroline huyó de Namur donde había vivido hasta entonces para instalarse en el anonimato de Bruselas. No quiso ver a nadie durante los primeros meses y cuando levantó un poco la cabeza se hundió en el trabajo.
Una de sus amigas intimas, Celine, la única con quien no había roto definitivamente, la contactó e insistió varias veces hasta convencerla que necesitaba cambiar de aires. No podía trabajar como una esclava y huir de todo contacto humano. Un día la llamó por teléfono:
- Caroline, este verano organizó un crucero por el mediterráneo y cuento contigo. Nunca te he pedido nada. No me puedes fallar.
- Pero si no se nada de barcos - le contestó.
- No hay que preocuparte por eso. Ven a casa este viernes por la noche y conocerás a toda la tripulación, en fin, a casi toda porque el cuerpo técnico que alquilamos con el barco nos espera en Niza.. Ah, por favor no olvides tu talonario de cheques, tendremos que dar un deposito......
Durante la cena que preparó Celine los ocho tripulantes, cuatro chicos y cuatro chicas, todos solteros, se conocieron y hubo buen rollo entre ellos. Se proyectaron unas fotografías del velero de quince metros llamado Andromède(3) que les llevaría desde Niza hasta la costa oriental de Córcega y al norte de Cerdeña. A los ocho viajeros se añadían un patrón y un cocinero quienes les harían la vida más fácil aunque todo el mundo tenia que colaborar en las distintas tareas durante el viaje. Celine supo mostrarse convincente porque los ocho confirmaron su participación para un crucero de ensueño y el dos de agosto todos se encontraron en el muelle del puerto de Niza al pie de la pasarela que conectaba el velero con la tierra firme.
El viaje resultó encantador, volvieron todos bronceados y algo amarinados. A pesar del espacio tan reducido que tenían los pasajeros no hubo peleas, todo lo contrario. La meteorología benigna del verano y el ambiente bastante desinhibido que reino a bordo favoreció la convivencia hasta tal punto que, al finalizar el crucero, se formaron tres parejas más o menos formales, una de ellas estaba formada por Gérard Saint Pierre, el abogado de Bruselas y Caroline Dernis, la decoradora oriunda de Namur, afincada en Bruselas.
Empezaron a salir juntos y a verse con cierta frecuencia. Gerard descubrió en Caroline una mujer aún frágil y solitaria, de temperamento artista y un poco bohemio sobre la cual su familia no ejercía ninguna influencia. Ya no tenia amigas cercanas porque la única, Celine se había enamorado del único extranjero del grupo, un Alemán quien sustituyó en el último minuto a uno de los que debían participar originalmente y la pareja se iba a mudar a Colonia en el otoño así que Gérard pensó que nunca se rebelaría como lo había hecho Lourdes. Su carácter había cambiado, él se había vuelto más materialista y algo más egoísta pero, como buen abogado supo presentar su caso y ...seducir a la joven decoradora. Durante el viaje que hicieron ambos para participar a la boda de Celine y de Fritz, el juez Alemán, hablaron muchísimo. A pesar que el Destino hizo que se albergaron en habitaciones colindantes con una perta de comunicación nada ocurrió entre ellos aquel día.
Caroline vio en Gerard un hombre con ocho años más que ella y con experiencia de la vida. Le convenció la seguridad que le ofrecía esta persona madura porque la necesitaba salvo en el plan profesional. Cuando Gérard le contó que estaba divorciado ella no quiso conocer los detalles de su vida anterior con su primera mujer y nunca más volvieron a hablar del tema. En un primer momento no pensaron en casarse, así que cuando Gerard confesó a su amiga su problema fisiológico la primera vez que se acostaron juntos durante un fin de semana que pasaron en Ámsterdam, no le importó. Ocurrió cuando ella en la habitación del hotel que compartían le murmuró en la oreja:.
- ¿No piensas tomar ninguna medida de precaución? No me gustaría encontrarme embarazada - Entonces él le contó, un poco avergonzado, que no hacia falta porque su medico le había diagnosticado que era estéril pero como habían acordado tácitamente de nunca hablar se sus vidas intimas anteriores, él no tuvo que contarle que este hecho había sido una de las causas de su divorcio previo.
Tenían una relación de pareja pero mantuvieron sus respetivos domicilios durante un año antes de convivir en casa de Gérard casi dos más y al final, para hacer callar las malas lenguas, se casaron. Ambos como buenos profesionales tenían una posición económica muy solvente así que decidieron comprar entre los dos un piso en un inmueble en construcción Avenue Louise(4).
Con los años Gérard se había vuelto más posesivo. Sugirió varias veces a Caroline que dejara su trabajo pero ésta nunca lo había aceptado. ¿Si no podían tener hijos qué haría ella todo el día sola en casa?. Él volvía sobre el tema con cierta frecuencia, la ultima vez había sido hace dos años cuando le confesó que estaba convencido de ser nombrado en breve socio del bufete. Lo único a lo que ella accedió fue a reducir su jornada laboral. A partir de este momento Caroline empezó a trabajar solamente por las tardes reservándose las mañanas para la música. Tocaba el violonchelo y tenia cierto talento para la acuarela. No se arrepintió de su decisión y disfrutó de una vida personal más intensa al mismo momento que empezaron a surgir las primeras tensiones dentro de la pareja. La causa fue la decisión de los socios del bufete de no aceptar a Gérard como nuevo socio.
Una tarde su marido llegó a casa muy malhumorado, porque esta decisión representaba para él una enorme decepción, pero no se atrevió a confesar a su mujer toda la verdad. Pretendió que se trataba solamente de un aplazamiento cuando realmente al termino de la reunión de los socios, el presidente de turno del bufete, su amigo Paul Ricour, le había dejado entrever que probablemente nunca seria aceptado para ese rango. Gérard, quien controlaba a duras penas su desilusión y su indignación, le preguntó por las razones de esta decisión cuando había dado todo para el bufete. Entonces su amigo le contestó:
- Gérard, nadie pone en juicio tus capacidades pero, según nuestros estatutos, todos los socios deben dar su visto bueno para la integración de un nuevo miembro y, en tu caso, hubo un voto particular que se opuso a esta decisión.
- Paul, lo considero injusto, siempre he acatado las ordenes. Nunca rechisté cuando se me ha asignado un caso por difícil o ingrato que sea y hasta me expatrié de joven a Lisboa. ¿En nombre de nuestra amistad dime el nombre del socio que se opone a mi nombramiento?
Paul Ricour apreciaba a Gérard. Habían empezado en el bufete el mismo año, recién titulados de la universidad de Lovaina donde habían estudiados juntos. Además de sus meritos la carrera de Paul había sido favorecida por su matrimonio con la hija única de uno de los socios fundadores del bufete. Un mes antes había hecho gestiones informales para conocer la opinión de los otros socios y había descubierto que la nominación de Gérard no iba a ser tan fácil como se imaginaba. Esta tarde había peleado muy fuerte a favor de su amigo pero se había encontrado con una negativa sin apelación por parte de un socio de peso. Decidió no revelarle a su amigo el entramado de las discusiones, así que se limitó a decirle:
- Sabes que no puedo darte este nombre pero te diré que tal vez no vas descaminado cuando te refieres a Portugal.....
- Al oír estas palabras Gérard palideció y tuvo que contenerse para no golpear la puerta cuando salió del despacho de su amigo. Acababa de acordarse de que, desde la unión del bufete Belga con los abogados Portugueses, dos de estos se habían incorporado como socios, y Paul le había dejado entrever, sin decirle cual, que era uno de ellos quien se oponía a su nominación. El paso siguiente consistía en adivinar que, detrás de este gesto de animosidad, aparecía la larga mano del viejo Joao Pereira, el padre de Lourdes. No era ni socio ni abogado pero tenia la influencia necesaria para vengarse de esta manera de su antiguo yerno. Gérard nunca había querido saber nada de los Pereira pero un día en una conversación había creído entender que Lourdes se había vuelto a casar con un abogado oriundo de Oporto.
(1) Alentejo, Región central de Portugal donde las familias ricas tienen unas fincas de gran extensión como es el caso de la familia Pereira.
(2)Tribunal de
(3) Androméde: Andrómeda, constelación del hemisferio boreal debajo de Casiopea.
(4) Avenue Louise, Gran avenida de Bruselas cuya primera parte es comercial y la segunda residencial, desemboca en un bosque muy concurrido, Le Bois de
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