Unas mujeres y sus casas. (X) La primera ruptura
CAPITULO 10 La primera ruptura.
La idea de conseguir la cuenta del Banco Neuman se transformó en la única obsesión para Gérard Saint Pierre. No pasa un solo día que no comentase con su mujer sus progresos. Al principio Caroline, quien conocía el deseo de su marido de ser nombrado socio, consideró todo el asunto interesante y hasta cierto punto gracioso pero con el tiempo llegó el hastió. Un día durante el cual se encontraba cansada le recordó que, cuando se habían casado, habían acordado de no hablar de sus respetivos negocios en la intimidad salvo si fuese un caso de fuerza mayor. Nunca había pasado antes pero siendo consciente de los tejemanejes de Gérard con la secretaria de Lasky esta tarde explotó:
- Mira Gérard, desde hace casi cuatro meses no hay días que no menciones al tal Lasky. Para ser más precisa diría que desde que hemos cenado en casa de este banquero parece que se ha transformado en tu único tema de conversación. No entiendo esta obsesión súbita y sobre todo sus raíces. Esperó que sean solamente profesionales y que no incluyan un acercamiento demasiado próximo y cariñoso con su mujer...- Caroline había nombrado la mujer de Lasky y no su secretaria adrede para mandar una señal a su marido. Este, sorprendido, le contestó:
- No entiendo que menciones a Hélène Lasky. Todo lo que te comento es estrictamente de naturaleza profesional. No he vuelto a verla desde el día de la cena. No, miento. La crucé una vez cuando salía de Rob (1) Chaussée de Waterloo. ¿Estas celosa? No conocía este lado de tu personalidad..”.
La pareja nunca había tenido un problema serio de convivencia hasta la fecha salvo unos roces inevitables que siempre se terminaban por mimos, palabras dulces y una sesión intima en la cama. Pero este día la conversación entre ellos subió de tono y al final ambos dejaron el salón donde compartían una tasa de té y cada uno se encerró en su feudo particular. Media hora más tarde, Caroline oyó el ruido de la puerta de entrada que se cerraba sin disimulo indicando que Gérard había salido. Ella se encontraba dolida por la actitud de su marido quien últimamente se había transformado en el perro faldero de la secretaria de Lasky. No estaba de natura celosa, no sabia ni quería saber si se habían acostado juntos pero estaba segura que se veían muy a menudo los fines de semana.
Aprovechando la ausencia de Gérard montó una cama en su estudio, apretando los muebles que se encontraban allí, y se prometió que de momento no se volverían a acostarse juntos hasta que la situación se aclarase. Llamó por teléfono a Maria Dolores sabiendo que a esta hora la encontraría seguramente en casa. Las dos amigas charlaron un buen momento y se prometieron verse la mañana siguiente. Se había confirmado su embarazo y, de momento se aferraba a esta noticia intentando superar la relativa frialdad de su marido.
Pasaron unas semanas y las relaciones entre los esposos Saint Pierre seguían bastante tensas. Gérard evitaba al máximo estar en casa, llegando todos los días muy tarde, cenando en silencio y encerrándose después en su estudio despacho hasta la hora de acostarse. Seguía durmiendo solo en la cama matrimonial. No había hecho ningún comentario a este respeto a su mujer, esperando que, como era ella quien había tomado la iniciativa, seria ella quien haría el primer paso para reconducir la situación al estatus anterior pero ninguno de los dos sospechaba lo que iba a ocurrir.
Desde hace tiempo le había salido a Caroline un bulto en la parte alta de la espalda. Nunca encontraba el tiempo de ir al medico hasta que un día en la piscina de Uccle(2), donde se había citado con María Dolores cuyo ginecólogo había recomendado a Maria Dolores de ir a nadar por los menos una vez a la semana. Las dos amigas solían acudir juntas a la piscina. Caroline vestía un bikini bastante ajustado mientras la futura madre llevaba un traje de baño adecuado a su tripita que empezaba a notarse. Admirando el cuerpo de su amiga, esta vio el bulto y se lo mencionó. Hablaron de él, Caroline no le daba mucha importancia retrasando siempre la visita al medico pero Maria Dolores la presionó cariñosamente recordándole como se había mostrado solicita con el tema de su embarazo. Debía acudir al médico para que se le viera:
- Seguramente no es nada pero estarías más tranquila enseñándole a un médico - Como veía su amiga indecisa añadió
- Si quieres, te acompaño.
Así que las dos mujeres se presentaron en la clínica de la Mutua a la cual pertenecía Caroline. El dermatólogo, un tal doctor Chapuis, la tranquilizó enseguida pero le hizo varias preguntas: ¿Desde cuando tenia este bulto?. ¿Le dolía?. ¿Había antecedentes en su familia?. ¿Tomaba el sol o iba a sesiones de bronceado con asiduidad?. Después de analizar las respuestas, casi todas negativas, que le hizo Caroline, el médico le dijo:
- Señora Saint Pierre, no creo que sea nada grave pero justamente por eso le recomiendo quitárselo. Será indoloro, porque lo haré con una anestesia local y, una vez eliminado, lo analizaremos por pura rutina. ¿Que le parece?
Caroline estaba bastante indecisa pero Maria Dolores le presionó el brazo para ayudarle a tomar una decisión. Al final se decidió:
- De acuerdo Doctor, quítemelo - El doctor con una mirada de agradecimiento hasta Maria Dolores añadió:
- Hace usted bien señora. Le aseguro que la intervención es muy poca cosa.
Cogiendo un calendario fijaron una fecha pero el médico le indicó que, antes de la intervención, debía hacerse una serie de análisis, de sangre y orina, pura rutina.
Caroline volvió a la clínica una mañana en ayuno con una frasco de orina y se le tomó una muestra de sangre. Todo se desarrolló como previsto. Comentó, como de pasada, a su marido que tendría que sufrir una pequeña intervención para quitarle el quiste que tenia en la espalda desde hace unos años. Gérard se interesó genuinamente y hasta preguntó si podía acompañarle este día. Caroline se le agradeció pero le contestó que prefería ir sola, evitando de comentarle que iría con Maria Dolores. A ambos les pareció que este acontecimiento podría acabar con la crisis que permanecía instalada entre ellos. El día de la intervención Gérard condujo su mujer hasta la clínica. Caroline volvió a rechazar su presencia pero aceptó de buena gana las palabras de animo y el beso que su marido le dio, rozándole los labios.
Cuando salieron los resultados de la biopsia. Caroline, acompañada otra vez de Maria Dolores, volvió a encontrarse con el doctor Chapuis. Esté la examinó, se mostró muy satisfecho de su trabajo y le comunicó que los análisis no habían detectado ninguna presencia de células cancerosas. Las dos mujeres se alegraron pero, justo al momento de salir, le doctor le pidió de quedarse un segundo más para contestar a una encuesta rutinaria. Cuando se encontraron a solas, el doctor Chapuis le dijo:
- Miré Señora Saint Pierre, mi conciencia profesional me fuerza a informarle de algo que no tiene nada que ver con su quiste pero que salió a raíz del análisis de sangre que la hicieron antes de operarle - . Caroline, quien tenia la moral muy alta por el resultado de la biopsia se quedó paralizada a oír las palabras del doctor Chapuis:
- Señora Saint Pierre le pido que me escucha con atención. Antes de seguir quiero decirle que estoy absolutamente seguro de lo que le voy a contarle. Hice repetir el análisis verificando que la muestra era realmente suya. En última estancia cuando le quité le bulto aparté de nuevo un poco de sangre para verificar el resultado una última vez. Lamento decirle que usted es portadora del virus de la sífilis.
Caroline se quedó blanca y tuvo que esforzarse mucho para que las respuestas que dio a las preguntas del médico fuesen inteligibles. No, ella no sabia de caso de sífilis en su familia. Sus padres y abuelos habían muerto hace varios años por otras causas.
- ¿Cuándo es la última vez antes de la intervención que usted se hizo un análisis de sangre?- Caroline, totalmente abatida, intentó acordarse pero no pudo dar una fecha con exactitud. Solamente se acordaba que durante años había dado benévolamente sangre en el Hopital Saint-Luc pero que poco después de casarse dejado de hacerlo.
- Si nadie le ha dicho nunca que usted era portadora del Treponema Palidium(3), entonces alguien le ha infectado. Le recomiendo tratarse. Ahora esta enfermedad, que fue la lacra del siglo anterior, se elimina con relativa facilidad. También le recomiendo, aunque puede ser embarazoso de buscara la persona que le ha infectado para que ella se someta igualmente a tratamiento.
Avergonzada, Caroline recogió la receta al doctor quien, a verla perdida, intentó reconfortarla, y la escondió en su bolso como si se tratase de algo malévolo que necesitas ocultar a todo coste.
- Se recuperará no se preocupe por eso. Si quiere, venga a verme dentro de un mes después de seguir este tratamiento. Volveremos a hacerle un análisis de control y estoy convencido que entonces todo estará en orden.
Ella movilizó sus últimas fuerzas para levantarse y dar las gracias al médico. Con la receta dentro de su bolso no supo como salió de la consulta. Entró en el baño para recomponerse pero cuando se miró en el espejo, apartó la mirada enseguida, asqueada. La única persona con quien había tenido relaciones sexuales durante toda su vida era su marido, Gérard Saint Pierre, y ella estaba segura que el análisis de sangre que se hicieron justo antes de casarse para contratar un seguro de vida había salido negativo para ambos. Además el Hospital Saint-Luc tenía sus coordenadas y nunca se había puesto en contacto con ella como era su obligación si hubiese detectado algo anormal.
Recondujo Maria Dolores a su casa. Esta se dio cuenta que algo había pasado en la consulta pero Caroline la tranquilizó diciéndole que no era nada importante. Los análisis de sangre habían mostrado que sufría de anemia y el doctor le había recetado un tratamiento para un mes. Maria Dolores la notó ya más tranquila cuando se despidieron besándose y como siempre acordaron llamarse por teléfono el día siguiente. De vuelta a casa Caroline dejo un mensaje sobre el mueble de la entrada para avisar Gérard del resultado negativo de la biopsia y decirle que no cenaría en casa, aludiendo a un compromiso con un cliente. Tal cena no existía así que primero se fue al cinema y después erró por la ciudad hasta media noche.. El día siguiente por la mañana fue a ver al abogado de los Sforza. No era un especialista en temas matrimoniales pero la escuchó y la aconsejo. Nunca volvió a ver a su marido salvo el día en el cual en el Palacio de Justicia de Bruselas se dictaminó el divorcio de los esposos Saint Pierre.
(1) Rob: Cadena de tiendas de delikatesen en Bruselas.
(2) Uccle: Barrio residencial sureste de la capital.
La idea de conseguir la cuenta del Banco Neuman se transformó en la única obsesión para Gérard Saint Pierre. No pasa un solo día que no comentase con su mujer sus progresos. Al principio Caroline, quien conocía el deseo de su marido de ser nombrado socio, consideró todo el asunto interesante y hasta cierto punto gracioso pero con el tiempo llegó el hastió. Un día durante el cual se encontraba cansada le recordó que, cuando se habían casado, habían acordado de no hablar de sus respetivos negocios en la intimidad salvo si fuese un caso de fuerza mayor. Nunca había pasado antes pero siendo consciente de los tejemanejes de Gérard con la secretaria de Lasky esta tarde explotó:
- Mira Gérard, desde hace casi cuatro meses no hay días que no menciones al tal Lasky. Para ser más precisa diría que desde que hemos cenado en casa de este banquero parece que se ha transformado en tu único tema de conversación. No entiendo esta obsesión súbita y sobre todo sus raíces. Esperó que sean solamente profesionales y que no incluyan un acercamiento demasiado próximo y cariñoso con su mujer...- Caroline había nombrado la mujer de Lasky y no su secretaria adrede para mandar una señal a su marido. Este, sorprendido, le contestó:
- No entiendo que menciones a Hélène Lasky. Todo lo que te comento es estrictamente de naturaleza profesional. No he vuelto a verla desde el día de la cena. No, miento. La crucé una vez cuando salía de Rob (1) Chaussée de Waterloo. ¿Estas celosa? No conocía este lado de tu personalidad..”.
La pareja nunca había tenido un problema serio de convivencia hasta la fecha salvo unos roces inevitables que siempre se terminaban por mimos, palabras dulces y una sesión intima en la cama. Pero este día la conversación entre ellos subió de tono y al final ambos dejaron el salón donde compartían una tasa de té y cada uno se encerró en su feudo particular. Media hora más tarde, Caroline oyó el ruido de la puerta de entrada que se cerraba sin disimulo indicando que Gérard había salido. Ella se encontraba dolida por la actitud de su marido quien últimamente se había transformado en el perro faldero de la secretaria de Lasky. No estaba de natura celosa, no sabia ni quería saber si se habían acostado juntos pero estaba segura que se veían muy a menudo los fines de semana.
Aprovechando la ausencia de Gérard montó una cama en su estudio, apretando los muebles que se encontraban allí, y se prometió que de momento no se volverían a acostarse juntos hasta que la situación se aclarase. Llamó por teléfono a Maria Dolores sabiendo que a esta hora la encontraría seguramente en casa. Las dos amigas charlaron un buen momento y se prometieron verse la mañana siguiente. Se había confirmado su embarazo y, de momento se aferraba a esta noticia intentando superar la relativa frialdad de su marido.
Pasaron unas semanas y las relaciones entre los esposos Saint Pierre seguían bastante tensas. Gérard evitaba al máximo estar en casa, llegando todos los días muy tarde, cenando en silencio y encerrándose después en su estudio despacho hasta la hora de acostarse. Seguía durmiendo solo en la cama matrimonial. No había hecho ningún comentario a este respeto a su mujer, esperando que, como era ella quien había tomado la iniciativa, seria ella quien haría el primer paso para reconducir la situación al estatus anterior pero ninguno de los dos sospechaba lo que iba a ocurrir.
Desde hace tiempo le había salido a Caroline un bulto en la parte alta de la espalda. Nunca encontraba el tiempo de ir al medico hasta que un día en la piscina de Uccle(2), donde se había citado con María Dolores cuyo ginecólogo había recomendado a Maria Dolores de ir a nadar por los menos una vez a la semana. Las dos amigas solían acudir juntas a la piscina. Caroline vestía un bikini bastante ajustado mientras la futura madre llevaba un traje de baño adecuado a su tripita que empezaba a notarse. Admirando el cuerpo de su amiga, esta vio el bulto y se lo mencionó. Hablaron de él, Caroline no le daba mucha importancia retrasando siempre la visita al medico pero Maria Dolores la presionó cariñosamente recordándole como se había mostrado solicita con el tema de su embarazo. Debía acudir al médico para que se le viera:
- Seguramente no es nada pero estarías más tranquila enseñándole a un médico - Como veía su amiga indecisa añadió
- Si quieres, te acompaño.
Así que las dos mujeres se presentaron en la clínica de la Mutua a la cual pertenecía Caroline. El dermatólogo, un tal doctor Chapuis, la tranquilizó enseguida pero le hizo varias preguntas: ¿Desde cuando tenia este bulto?. ¿Le dolía?. ¿Había antecedentes en su familia?. ¿Tomaba el sol o iba a sesiones de bronceado con asiduidad?. Después de analizar las respuestas, casi todas negativas, que le hizo Caroline, el médico le dijo:
- Señora Saint Pierre, no creo que sea nada grave pero justamente por eso le recomiendo quitárselo. Será indoloro, porque lo haré con una anestesia local y, una vez eliminado, lo analizaremos por pura rutina. ¿Que le parece?
Caroline estaba bastante indecisa pero Maria Dolores le presionó el brazo para ayudarle a tomar una decisión. Al final se decidió:
- De acuerdo Doctor, quítemelo - El doctor con una mirada de agradecimiento hasta Maria Dolores añadió:
- Hace usted bien señora. Le aseguro que la intervención es muy poca cosa.
Cogiendo un calendario fijaron una fecha pero el médico le indicó que, antes de la intervención, debía hacerse una serie de análisis, de sangre y orina, pura rutina.
Caroline volvió a la clínica una mañana en ayuno con una frasco de orina y se le tomó una muestra de sangre. Todo se desarrolló como previsto. Comentó, como de pasada, a su marido que tendría que sufrir una pequeña intervención para quitarle el quiste que tenia en la espalda desde hace unos años. Gérard se interesó genuinamente y hasta preguntó si podía acompañarle este día. Caroline se le agradeció pero le contestó que prefería ir sola, evitando de comentarle que iría con Maria Dolores. A ambos les pareció que este acontecimiento podría acabar con la crisis que permanecía instalada entre ellos. El día de la intervención Gérard condujo su mujer hasta la clínica. Caroline volvió a rechazar su presencia pero aceptó de buena gana las palabras de animo y el beso que su marido le dio, rozándole los labios.
Cuando salieron los resultados de la biopsia. Caroline, acompañada otra vez de Maria Dolores, volvió a encontrarse con el doctor Chapuis. Esté la examinó, se mostró muy satisfecho de su trabajo y le comunicó que los análisis no habían detectado ninguna presencia de células cancerosas. Las dos mujeres se alegraron pero, justo al momento de salir, le doctor le pidió de quedarse un segundo más para contestar a una encuesta rutinaria. Cuando se encontraron a solas, el doctor Chapuis le dijo:
- Miré Señora Saint Pierre, mi conciencia profesional me fuerza a informarle de algo que no tiene nada que ver con su quiste pero que salió a raíz del análisis de sangre que la hicieron antes de operarle - . Caroline, quien tenia la moral muy alta por el resultado de la biopsia se quedó paralizada a oír las palabras del doctor Chapuis:
- Señora Saint Pierre le pido que me escucha con atención. Antes de seguir quiero decirle que estoy absolutamente seguro de lo que le voy a contarle. Hice repetir el análisis verificando que la muestra era realmente suya. En última estancia cuando le quité le bulto aparté de nuevo un poco de sangre para verificar el resultado una última vez. Lamento decirle que usted es portadora del virus de la sífilis.
Caroline se quedó blanca y tuvo que esforzarse mucho para que las respuestas que dio a las preguntas del médico fuesen inteligibles. No, ella no sabia de caso de sífilis en su familia. Sus padres y abuelos habían muerto hace varios años por otras causas.
- ¿Cuándo es la última vez antes de la intervención que usted se hizo un análisis de sangre?- Caroline, totalmente abatida, intentó acordarse pero no pudo dar una fecha con exactitud. Solamente se acordaba que durante años había dado benévolamente sangre en el Hopital Saint-Luc pero que poco después de casarse dejado de hacerlo.
- Si nadie le ha dicho nunca que usted era portadora del Treponema Palidium(3), entonces alguien le ha infectado. Le recomiendo tratarse. Ahora esta enfermedad, que fue la lacra del siglo anterior, se elimina con relativa facilidad. También le recomiendo, aunque puede ser embarazoso de buscara la persona que le ha infectado para que ella se someta igualmente a tratamiento.
Avergonzada, Caroline recogió la receta al doctor quien, a verla perdida, intentó reconfortarla, y la escondió en su bolso como si se tratase de algo malévolo que necesitas ocultar a todo coste.
- Se recuperará no se preocupe por eso. Si quiere, venga a verme dentro de un mes después de seguir este tratamiento. Volveremos a hacerle un análisis de control y estoy convencido que entonces todo estará en orden.
Ella movilizó sus últimas fuerzas para levantarse y dar las gracias al médico. Con la receta dentro de su bolso no supo como salió de la consulta. Entró en el baño para recomponerse pero cuando se miró en el espejo, apartó la mirada enseguida, asqueada. La única persona con quien había tenido relaciones sexuales durante toda su vida era su marido, Gérard Saint Pierre, y ella estaba segura que el análisis de sangre que se hicieron justo antes de casarse para contratar un seguro de vida había salido negativo para ambos. Además el Hospital Saint-Luc tenía sus coordenadas y nunca se había puesto en contacto con ella como era su obligación si hubiese detectado algo anormal.
Recondujo Maria Dolores a su casa. Esta se dio cuenta que algo había pasado en la consulta pero Caroline la tranquilizó diciéndole que no era nada importante. Los análisis de sangre habían mostrado que sufría de anemia y el doctor le había recetado un tratamiento para un mes. Maria Dolores la notó ya más tranquila cuando se despidieron besándose y como siempre acordaron llamarse por teléfono el día siguiente. De vuelta a casa Caroline dejo un mensaje sobre el mueble de la entrada para avisar Gérard del resultado negativo de la biopsia y decirle que no cenaría en casa, aludiendo a un compromiso con un cliente. Tal cena no existía así que primero se fue al cinema y después erró por la ciudad hasta media noche.. El día siguiente por la mañana fue a ver al abogado de los Sforza. No era un especialista en temas matrimoniales pero la escuchó y la aconsejo. Nunca volvió a ver a su marido salvo el día en el cual en el Palacio de Justicia de Bruselas se dictaminó el divorcio de los esposos Saint Pierre.
(1) Rob: Cadena de tiendas de delikatesen en Bruselas.
(2) Uccle: Barrio residencial sureste de la capital.
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