Unas mujeres y sus casas. (VII). Los dos matrimonios juntos.
CAPITULO 7: Los dos matrimonios cenan juntos.
Cuando no se veían las dos mujeres se llamaban a diario así que a Caroline no le resultó extraño recibir una invitación a cenar en casa de los Menéndez porque su amiga le había advertido que les encantaría recibirles. Conocía el piso del matrimonio Español por ir a visitarla periódicamente. Resultaba muy amplio para una joven pareja sin niños y ofrecía la ventaja, al ser una planta baja, de tener el uso privado de un pequeño jardín que daba sobre el hipódromo. La cena seria a las ocho porque habían invitado a otra pareja Belga a quien tenía que devolver una invitación recibida hacía poco. Al último momento Maria Dolores la volvió a llamar para anunciarle que en la cena se juntarían también su cuñado, Pedro, y su mujer, que aun no conocía. Pedro la había llamado dándole la sorpresa. Este año, para sus vacaciones, la pareja hacia un tour de Europa y justamente este día se encontraba de paso en Bruselas. Se alojaban en un hotel próximo y solamente podían verse esta noche. Cuando ella anunció la noticia a su marido, Maria Dolores notó, con algo de sorpresa, su falta de entusiasmo pero no le dio más importancia atribuyendo su reacción a su cansancio y a que se hospedaban en un hotel próximo.
El hecho de que sus cuñados no quisieran albergarse en su piso no había sentado muy bien a Maria Dolores y sospechó que esta decisión venía de su cuñada Margarita de la cual se había hecho una imagen de chica pija. Su cuñado era, de todos los hermanos de José Luis, él que le resultaba más simpático desde que le había conocido el día de su boda. Era una buena persona que destacaba por su sencillez a pesar de su éxito profesional. No sabía muy bien porque José Luis parecía siempre reacio a hablar de su cuñada. Solamente una noche, como hablaban en la cama después de hacer el amor, esté le comentó que su cuñada Margarita era bastante más joven que su hermano. Según él era una mujer hermosa pero de carácter muy cambiante. Hija única de una familia de la alta burguesía parecía vivir en su mundo egoísta de hija única, despreciando a los demás, crecida en su certeza de pertenecer a la “créme (1)” de la sociedad Valenciana. El matrimonio residía en Valencia donde Pedro trabajaba como Corredor de Comercio. Tenían tres hijos, los dos primeros, varones, eran estudiantes y la tercera, una niña preciosa llamada Maria Luisa, había nacido hacía solamente dos años, teniendo una enorme diferencia de edad con sus hermanos mayores – un poco como yo – dijo riéndose. Este nacimiento, algo inesperado, había sido muy comentado entre los miembros de la familia porque Margarita había dicho muchas veces que, después de sus dos alumbramientos, no quería tener ningún hijo más. Pedro Menéndez quería con locura a esta niña tardía pero el matrimonio la había dejado en Valencia al cuidado de una interna.
El otro matrimonio, los Fourquet, era Belga como los Saint Pierre. El marido, Eric, trabajaba de Director Financiero para una multinacional Americana y la mujer, Sylvie, era profesora de canto.
Antes de la cena los hombres se juntaron enfrascándose en conversaciones de carácter profesional que hicieron huir a sus esposas. Ellas, al contrario, se partieron en dos grupos. Caroline, a quien su amiga, había descrito el carácter difícil de su cuñada, se dedicó a encontrar puntos en común con
Después de la cena el matrimonio Menéndez propuso a sus huéspedes de hacer un paseo por el jardín aprovechando la tibieza de la noche y la luz de la luna llena. Todos pensaron que se trataría de hacer solamente unos pocos pasos por el pequeño jardín de cincuenta metros cuadrados, pero José Luis sorprendió a sus invitados a sacar una llave de su bolsillo y a abrir una puerta metálica situada al final del jardín. Con un gesto invitó a sus invitados a franquearla. Del otro lado se encontraron pisando el césped del hipódromo. Pasearon un gran rato pisando el césped ligeramente húmedo de esta enorme extensión de terreno cuando de repente el marido de Maria Dolores les hizo parar delante de una especie de barrera que consistía en unas cuerdas tendidas entre postes de madera.
- No podemos ir más allá - dijo con un tono misterioso.
- ¿Qué pasa, no tenemos autorización para seguir? -, preguntó el señor Fourquet que se preparaba ya a demostrar su agilidad saltando la valla casi simbólica.
- En su lugar no lo haría - le interrumpió, José Luis, tomándole el brazo.
- Aun no han quitado los explosivos en esta zona - y delante de sus invitados que, victimas del miedo a la oscuridad y a una posible explosión, se pegaron a él, les contó que durante la primera guerra mundial el hipódromo había sido utilizado como un espacio para almacenar municiones. Solo recientemente el Ayuntamiento que quería ampliar el hipódromo había empezado a practicar los sondeos necesarios para encontrar los miles de obuses que estaban aun enterrados. Asustada la comitiva regresó al jardín de los Menéndez pisando huevos. Nadie vio anormal que se formasen unas parejas de hombres, mujeres o mixtas...
Con el pretexto de tener que madrugar al día siguiente para volver a Valencia, y después una nueva ronda de digestivos, los primeros en levantarse de sus asientos fueron Pedro y su mujer. Habían decidido irse en un taxi que llamó José Luis. Cuando el matrimonio Valenciano se marchaba Caroline salía justamente del pequeño servicio de la entrada. Ella había simpatizado mucho con la pareja después de la cena pero le pareció que algo raro ocurrió en la entrada al momento de la despedida entre José Luis y su cuñada.
Captó un intercambio de miradas entre los dos que le pareció muy extraño. Ella, quien había hablado con Margarita durante una gran parte de la velada no había visto en ningún momento esta expresión de dulzura que se pintó durante un segundo cuando Margarita, la mujer de Pedro, se despidió de su cuñado. No pronunciaron ninguna palabra pero le pareció a Caroline que existía entre ambos una relación oculta pero muy intima.
- ¡Que curioso! - pensó ella. - Maria Dolores me había dicho que José Luis no quería invitar a su hermano a cenar, Margarita es una persona bastante insoportable y los dos cuñados se despiden con tristeza....
Solamente entonces recordó que, durante el paseo, ambos anduvieron juntos durante un buen rato. Le pareció fugazmente haber visto unas manos cogidas y la cabeza de una mujer apoyada sobre el hombro de un varón así como un murmuro que no quiso escuchar. Le había sorprendido porque durante un momento había pensado que se trababa del matrimonio Menéndez. Aunque a volver en el jardín y franquear la puerta estrecha de la casa constató que Maria.Dolores les esperaba ya en la terraza.
(1) La créme: la mujer piensa que pertenece, por su nacimiento en el seno de una poderosa familia Valenciana, pertenece derecho a la flor y nata de esta sociedad.
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