Unas mujeres y sus casas. (II) La cena.
CAPITULO 2: La cena.
Gérard Saint Pierre supo ocultar con elegancia leve contrariedad que le causó el hecho de no compartir mesa con la anfitriona, Hélène Lasky. Como lo hacia siempre en estas circunstancias, el se esforzó durante el cocktail de recabar toda la información disponible sobre las otras parejas con quien iba a compartir la mesa numero nueve a la cual Caroline y él estaban asignados. No conocía a ninguna de ellas pero maniobró con suma habilidad para mencionar, de manera casual los nombres a las pocas personas que conocía sin olvidar a Fred Ellis, con él cual charló durante un buen rato recorriendo a su lado el jardín perfectamente cuidado de los Neuman.
Mientras tanto Caroline se encontraba con un grupo de tres señoras a las cuales Helène Lasky, dejando un momento su puesto al lado del banquero, la había presentado al encontrarla sola, admirando la exquisitez de los parterres de flores. La anfitriona se quedó con ellas un minuto o dos dejándolas rápidamente al captar una leve señal de su marido quien se preparaba a saludar una nueva horneada de invitados. Caroline Saint Pierre era la más joven de las cuatro mujeres de cuyos nombres a penas se acordaba. Una vez que la señora Lasky se hubo alejado, las tres volvieron sobre el tema que les entretenía antes: los últimos chismorreos del Liceo Europeo donde estudiaban sus respetivos hijos. Una de ellas, al darse cuenta que la recién incorporada al grupo no participaba, le preguntó amablemente si tenia hijos y dónde estudiaban. Preguntas a las cuales Caroline respondió tranquilamente:
- No Gérard y yo no tenemos hijos - y al ver la cara de sorpresa de las otras, añadió:
- De momento – palabras mágicas que relajaron en seguida el ambiente en el grupo.
Al finalizar el cocktail y respondiendo a una invitación de los anfitriones, las primeras parejas se acercaron lentamente a las mesas, entonces Gérard y Caroline volvieron a juntarse.
- ¿A donde nos sentamos, Gérard? - le preguntó su mujer.
- Nos corresponde la mesa numero nueve. No estaremos con los Lasky que seguramente se han reservado los invitados más ilustres o interesantes pero casualmente estaremos con Van Halen y su mujer. Me he enterrado que este Van Halen trabaja con Lasky en el Banco Neuman en el área de gestión de patrimonio. Es una gran oportunidad para mi poder conocerle en estas circunstancias. Ellis me ha dicho que tiene bastante influencia sobre Lasky. Además compartiremos mantel con tres parejas más, los Derel, unos Franceses cuyo marido es directivo de una empresa de publicidad, los Martinón, creo que él trabaja en el banco de Bélgica por puro enchufismo político y un matrimonio que nadie conoce pero que por su apellido parece que son Españoles, los Menéndez.
- ¡Que suerte para ti Gérard! - le dijo Caroline quien, al momento que se alegró por su marido, entendió que las conversaciones durante toda la cena iban a ser bastante aburridas. Pensó con un poco de amargura que su única diversión durante la noche vendría de la variedad de origen de los comensales lo que podría traer alguna sorpresa y, sobre todo, de la esperada actuación musical.
- No sé como lo pasaste tu durante este interminable cocktail pero para mi no ha sido exactamente una partida de placer.- A continuación contó a su marido las conversaciones que había mantenido con aquel grupo de madres y cómo se había convertido en una experta en temas del Liceo Europeo.
- A pesar de que les dije que no teníamos hijos, estas maleducadas siguieron hablando de sus cosas como si no existiese y, si no fuese por una de ellas , creo que se llama Régine y tiene un hijastro en el Liceo e intentaba poner la conversación sobre otros temas, habría sido un verdadero .......-. pero dejo la última palabra en el aire porque habían llegado hasta la mesa. Todas las mesas eran redondas y tenían el mismo tamaño, sobre cada plato se encontraba un pequeño cartón con el nombre del comensal escrito a mano. De momento ningún otro comensal se había acercado si no fuese por una pareja joven y que parecía un poco perdida. Estos serán los Menéndez pensaron a la vez pero no les dio tiempo a presentarse porque el resto de los comensales que, de manera evidente, se conocían de ante mano se acercaron ruidosamente.
Con una mirada circular sobre los cartones Gerard descubrió que una de sus vecinas era la mujer de Van Hallen pero, cuando intentaba leer el otro nombre, descubrió que la armonía de las parejas estaba rota porque en la mesa nueve figuraba un convidado de más. Había once sillas. Cuando se abalanzó sobre el cartón que llevaba aquel nombre de su otra vecina, la de la derecha, constató que se trataba de una mujer cuyo nombre le era totalmente desconocido y no figuraba en la lista. Estaba haciendo conjeturas, ¿estaría soltera, viuda..? cuando de repente apareció Hélène Lasky cogiendo del brazo una mujer alta, delgada, de edad indeterminada, vestida de verde chillón. Dirigiéndose a los convidados de la mesa les dijo:
- Amigos, habréis notado que Joseph y yo hemos integrado una persona más a vuestra mesa así que os presento a Jennifer Emery, la secretaria personal de mi marido. Trabaja con él desde hace tantos años – añadió dirigiéndose a la mujer una sonrisa calurosa sin soltarle el brazo - que se ha convertido casi en un miembro de la familia. Esta noche ha venido sola pero la dejo con vosotros, y en particular con ustedes monsieur Derel y monsieur Saint Pierre - dirigiendo su mirada hasta los dos hombres:
- Sois la mesa más internacional que tenemos esta noche así que seguramente haréis buena mella - y dejándoles solos se fue a cumplir otra misión a una mesa más alejada. Una vez que se terminaron las presentaciones Caroline descubrió que sus vecinos iban a ser Pierre Martinón y Maria Dolores Menéndez, la de la pareja de antes, una mujer muy joven que no llegaba a los treinta años. Se alegró interiormente de tenerla como vecina, Caroline hablaba Castellano así que no habría sido un problema comunicarse con ella pero sabia que, por cortesía por los otros invitados, el idioma que se iba a emplear esta noche alrededor de la mesa seria el Francés.
Las conversaciones, al principio muy anodinas y entrecortadas de silencios, empezaron poco a poco a tomar más cuerpo y rápidamente varios pequeños grupos se formaron alrededor de la mesa. Caroline observó que su marido era petulante. La mujer de Van Hallen parecía disfrutar mucho de la conversación con su otro vecino que claramente conocía de antes y Gérard, siguiendo al pie de la letra la recomendación de la anfitriona, competía con monsieur Derel para atraer la atención de la secretaria de Lasky.
Caroline notó que su vecina seguía callada parecía encontrarse bastante aislada. Participaba poco en la conversación a no ser por unos ligeros movimientos de cabeza. Fijándose en la respuesta que dio a una de las esposas más próximas se dio cuenta de que
- Le agradezco su esfuerzo, señora Saint Pierre, mi mujer y yo hemos llegado de España hace muy poco. Maria Dolores esta empezando a seguir un curso de Francés y su Ingles es muy básico – y añadió, dirigiéndose a los otras personas sentadas que mientras tanto habían enmudecido:
- Si no les molesta, le agradecería a madame Saint Pierre que siguiera hablando con mi esposa en Castellano - Resultó evidente que ningún otro invitado hablaba Castellano así que Caroline recibió la autorización tacita de todos para seguir hablando a
Las dos mujeres hablaron durante toda la cena en voz baja sin que ningún otro convidado se molestase en participar en su conversación. Caroline se enteró que los Menéndez habían llegado hacía tres meses a Bruselas. Para Maria Dolores era toda una aventura. Era la primera vez que dejaba su familia y su país. Para más INRI la pareja se había casado apenas quince días antes de salir para Bélgica. Después de una luna de miel relámpago en Paris, habían abierto sus maletas en un piso amueblado de
A una pregunta que le hizo Caroline, esta entendió que la joven Española se encontraba muy aislada y que además tenía poco autonomía a no tener carné de conducir. Se aburría bastante porque hasta las tareas domesticas en su piso estaban resueltas por una señora de la limpieza que venia dos veces por semana a cargo del banco. Su marido trabajaba mucho, comía en un restaurante del centro cuyo nombre le costó bastante pronunciar y donde ella acudía en tranvía dos veces a la semana para comer con él. José Luis llegaba tarde al piso totalmente amueblado de forma funcional y anónima que el banco había puesto a su disposición, encontrándola enfundada en la lectura de revistas de su país que iba a comprar cerca de la estación central. No tenían casi ningún contacto con la colonia Española y las relaciones con el otro matrimonio del banco que vivía en la misma finca eran algo tensas por cuestiones de trabajo así que no compartían juntos el tiempo libre. Durante los fines de semana José Luis y ella cogían el coche y visitaban el país o, si el tiempo era demasiado malo, nunca había visto llover tanto tiempo en su vida, iban a comer en un pequeño restaurante Valenciano, “
Comentarios
Publicar un comentario