Unas mujeres y sus casas. (I) La invitación.

Unas mujeres y sus casas.

Capitulo 1: La invitación en casa de los Neuman

A la siete en punto el coche de los Saint Pierre se acercaba a la casa cuya dirección figuraba sobre la invitación recibida tres semanas antes. Era la hora a la cual estaban citados y durante todo el recorrido desde casa Gerard había repetido por lo menos dos veces más a su mujer la importancia que esta cena representaba para su carrera. Caroline le había escuchado con cierta indiferencia para ella esta cita no era más que otra cena de ámbito profesional a la cual su marido la llevaba. Probablemente se encontrarían allí con algunos conocidos en mitad de la masa delos invitados, pero ella sabía al dedillo el rol que debía interpretar en todas las circunstancias en medio de este despliegue de vanidades y de intereses. Una invitación en casa del Director General del Banco Neuman era una magnifica oportunidad para que los invitados, y entre ellos su marido quien perseguía desde mucho tiempo ser nombrado socio en su bufete, tuviesen la posibilidad de desplegar sus mejores artes para entablar nuevas relaciones profesionales y sino maldecir juntos de una pareja conocida. Esta noche todas las parejas invitadas harían lo mismo salvo un par de Donjuanes profesionales que, además de intercambiar información con los maridos, intentarían aumentar la lista abultada de sus conquistas femeninas. El hecho de que sobre la invitación se mencionaba la actuación de una pequeña orquesta clásica para amenizar la segunda parte de la cena la distraería de las aburridísimas conversaciones.

- ¿Cariño, con quien crees que vamos a compartir mesa? - preguntó Gerard Saint Pierre a su mujer. Como esta, absorbida en sus pensamientos musicales tardaba en contestar, su marido prosiguió:

- No creo que nos pongan con Joseph, por Joseph Lasky el anfitrión, pero si nos encontramos a la misma mesa que Hélène (1) seria una señal muy importante. Me ha dicho Patrice, el secretario General de la Cámara (2), que la para la pareja Lasky hasta el más pequeño detalle tiene un significado y que estudian la colocación de cada invitado con mucho cuidado. Lo cierto es que es la primera vez que figuramos entre los invitados.......ya es algo. Creo que pasado mañana mencionaré hábilmente en el bufete la invitación de Lasky y que esto me ayudara porque según mis averiguaciones ninguno de los socios actuales ha sido invitado.

Mientras tanto el coche de los Saint Pierre había entrado en la urbanización de lujo situada cerca de la Chaussée de Waterloo (3) donde vivía el banquero pero tuvieron que aparcar a cierta distancia en una de las dos filas de coches que iban llenando progresivamente las aceras de la avenida de Mondovi (4).

- Me temo que tendremos que andar un poquito Caroline, estamos aparcados en frente del numero veintisiete y los Lasky viven en el siete -. A penas hubieron salido del coche que dos otros dos vehículos se pararon detrás del suyo y, con cierta satisfacción, Gerard Saint Pierre pudo constatar que su BMW gris oscuro estaba en perfecta consonancia con los demás. Miró discretamente a las otras parejas que se dirigían como ellos hasta el portal de la mansión del banquero. No les conocía pero la vestimenta de los otros invitados era en perfecta consonancia con las suyas así que desapareció su ultimo temor a dar la nota. Su mujer estaba hasta más elegante que las señoras, una de ellas de hecho bastante fea, que les seguían. Sin decir un palabra apretó un poco el brazo de su esposa en signo de satisfacción. Durante el resto del trayecto Gerard mantuvo un monologo sobre las hipotéticas ventajas que su puesto de director general del banco tenia que aportar a Joseph Lasky.

- Los gastos de la recepción los cargará al banco como gasto de representación y seguro que ni siquiera como gerente paga el alquiler de su casa.... Tendrá un sueldo astronómico y como tendrá el estatus de expatriado su banco la alquilará por él. No quiero pensar lo que puede costar el alquiler de las mansiones en este barrio..... ¿Has visto el portal de entrada?, no se trata de una casa pequeña, es un caserón. Aquí viven cuatro, mas la servidumbre ¿Qué te parece?..... Además hay unos agentes de seguridad. ¿Nos van a pedir la invitación o nos van a registrar? - Su mujer que la conversación aburría y que no había intervenido hasta el momento le cortó diciendo:

- Le pasará al señor Lasky lo que te pasó cuando te expatriaron a Portugal antes de conocernos. Solamente que, al ser director general del Banco Neuman, él tiene una función de representación más importante -. La reflexión de su mujer gustó solamente a medias a Gerard. Era verdad que diez años antes, joven abogado con bastante practica, sus jefes le habían mandado a Lisboa como enlace en el bufete de abogados Portugueses con quien acababan de asociarse. Habían sido dos años maravillosos pero desde su vuelta a Bruselas su estatus había vuelto a ser lo de antes con un nombramiento como socio que tardaba demasiado, así que la reflexión de Caroline podía también ocultar una velada critica a que últimamente su carrera se había quedado estancada. Además la simple alusión a Portugal le recordaba su primer matrimonio....

- Tienes razón pero las situaciones no son nada comparables - le dijo en un tono un poco más seco y soltándole el brazo presentó la invitación de la pareja a un guardia de seguridad que punteaba los nombres de los recién llegados en una lista. A penas había pronunciado su nombre que una mano fuerte se posó sobre su hombro.

- Hombre, Gerard -. El abogado reconoció en seguida la voz ronca de Fred Ellis, otro jurista, en la actualidad socio del prestigioso bufete Mc Gregor, Hartman y Ellis, que conocía por haber pleiteado contra él en dos ocasiones. Ellis, un Americano de casi sesenta años con la reputación de ser un trabajador infatigable y un mujeriego impenitente, iba acompañado de su cuarta mujer, una china mestiza hermosísima que habría podido ser su hija y quien había pasado de secretaria particular a esposa en muy poco tiempo. Gerard conocía bien a Fred Ellis y, hasta cierto punto, le temía profesionalmente. No pudo evitar de observar la mirada que el Yanqui lanzó al cuerpo de Caroline y especialmente a su escote pero encontrarse con él en la recepción de los Lasky era un guiño del destino. Lasky no era cliente del bufete de Ellis.....Los dos hombres aprovecharon un parada en el flujo de los invitados que entregaban sus abrigos a las encargadas del ropero para presentarse mutuamente a sus respectivas esposas pero Caroline Saint Pierre y Mina Ellis no tuvieron la posibilidad de intercambiar más que unas sonrisas antes de que las dos parejas llegasen hasta el sitio donde los anfitriones, la pareja Lasky, daban la bienvenida a sus invitados.

No era fácil adivinar la edad de Joseph Lasky. Se decía que había nacido a principio de los años treinta en Tallin desde donde su familia había emigrado hasta Inglaterra justo antes de la segunda guerra mundial evitando ser victima de las masacres que se perpetraron en esta republica báltica. Cuidaba su cuerpo dedicando dos horas cada día a la gimnasia con un entrenador físico particular y practicaba asiduamente el golf, en Waterloo durante los fines de semana o en Marbella donde tenia un apartamento durante las vacaciones. Su melena plateada que, por coquetería, se negaba a tintar indicaba un hombre entrado en años. Tenia la cara huesuda con los rasgos típicos de sus orígenes, unos ojos azules claros cuya mirada era a veces difícil de aguantar y la piel muy morena, natural o artificialmente. Esta noche vestía una chaqueta de esmoquin blanca de cuyas mangas salían unas manos muy cuidadas. A su lado se encontraba su esposa, Hélène Lasky, de soltera Marie Hélène de Bacqueville, hija de un famoso político jubilado. Se murmuraba en los corrillos que su matrimonio con el banquero a la edad de diecisiete años había sido considerado por su familia como un escándalo a pesar de que ella era emancipada legalmente y había significado su alejamiento definitivo del clan familiar. Más joven que su marido por lo menos veinte años, era madre de unos gemelos que, en este momento, se encontraban a su lado. Por su edad los dos adolescentes probablemente no participarían en la cena pero una vez que Caroline y su marido hubieron acabado de saludar a los anfitriones quienes les gratificaron con unas palabras bastante cariñosas, Gérard murmuró a la oreja de su esposa:

- Parece que los Lasky quieren que sus cachorros tengan conciencia cuanto antes de quienes son y de cual es el poderío de sus progenitores -. Esta vez fue Caroline quien apretó el brazo de su marido y le dijo también en voz baja:

- Cuidado, Gérard, en esta asamblea de fieras algunas de ellas saben leer sobre los labios de la gente -. Saint Pierre reconoció que su mujer tenia razón y, en signo de agradecimiento, le acarició suavemente la mejilla.

- Gracias, cariño. Entre todas tus cualidades tu perspicacia y tu prudencia me serán siempre de gran utilidad - y como se encontraban al lado de un camarero, que llevaba una bandeja con bebidas, preguntó a su mujer qué le apetecía tomar. Caroline era abstemia, así que bebió solamente un sorbo de un zumo de naranja a diferencia de su marido quien, en tres tragos, acabó su gin tonic.

Sin soltarle el brazo se acercó hasta un gran tablón donde figuraban, dibujadas, todas las mesas con los nombres de los comensales. Como había una cierta acumulación de gente delante del tablón y que ella, desde donde se encontraba no veía nada, Caroline dejo a su marido que averiguase el sitio que iban a ocupar. Realmente conocer su sitio no le preocupaba, sabía de antemano que las parejas no se separaban en las mesas, así que empezó a pasearse por el jardín. Buscó un momento a Mina Ellis, a quien su marido la había presentado y con quien hasta el momento no había intercambiado ninguna palabra, pero no la localizó.

(1) Hélène, mujer de Joseph Lasky.

(2) La Camará se refiere a la Camará de Comercio de la cual Lasky y Saint Pierre eran unos de los administradores.

(3) Chaussée de Waterloo, famosa avenida que une Bruselas y Waterloo y cruza zonas residenciales del sureste de la capital Belga.

(4). El nombre de la avenida de Mondovi es imaginario.

Comentarios

  1. Vaya!!!!

    Qué bien!! Cuánto bueno por aquí... Todavía no lo he leído; es muy tarde. Mañana te cuento si me ha gustado a dónde se dirige el coche de los Saint Pierre.

    Saludos,

    Mrs. Ch

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  2. Amiga,
    Los capítulos de este cuento son cortos. Hay 18 más el epilogo que explica la génesis de este relato que escribí el verano pasado en Denia. Los capítulos siguientes llegaran un poco más despacio.....porque necesitan una lectura final y no tengo a nadie para corregirlos.
    Cordialmente
    Desi.

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